LIBROS

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Esta arrebatadora novela describe la pasión de un hombre del siglo XI por vencer la enfermedad y la muerte, aliviar el dolor ajeno e impartir el don casi místico de sanar que le ha sido otorgado.

El médico cuenta la historia de Rob J. Cole, un niño inglés que entra al servicio de un peculiar barbero con un peculiar nombre, Barber. Este personaje enseña a Rob todo lo que sabe sobre la medicina, pero, un día, esos conocimientos no son suficientes para Rob; él ansía conocer cada enfermedad y sus remedios, por lo que deberá emprender un peligroso viaje hacia la lejana Persia, en cuyo maristán imparte clase el príncipe de los médicos, el célebre Ibn Sina, más conocido como Avicena.

Gracias a los viajes de Rob y Barber, el autor nos permite conocer los dos tipos de médicos o sanadores que había en la época y, al mismo tiempo, la imagen que tenía la sociedad occidental de ellos.

Por un lado tenemos a los médicos de prestigio que, casualmente, son los charlatanes que utilizan contra todo mal los purgantes, una sustancia similar a un laxante pero mucho más potente. Por otro, los médicos y sanadores de verdad, que gozan de menor prestigio y, por lo tanto de menos honorarios y, por si fuera poco, estos últimos son los que deben tener especial cuidado, porque cualquier medicina que receten o cualquier cosa que hagan puede ser susceptible de ser considerada hechicería.

Irónico, ¿no? Aquellos que no saben nada y provocan más muertes gozan de reconocimiento, mientras quienes realmente salvan vidas pueden ser brujos que tratan de matarnos. A lo largo del libro nos encontramos con una sociedad completamente opuesta a la occidental respecto a medicina. Los médicos persas se forman en escuelas, han de superar exámenes y estudiar y trabajar durante varios años.

Pero, sobre todo, lo que diferencia a los médicos orientales es el gran respeto que les tiene la población; allí ser médico es tener una profesión privilegiada y admirada, al contrario que en Europa, que cuenta con un pensamiento supersticioso de la medicina en comparación con las culturas orientales.

El punto fuerte de la novela recae en el protagonismo que da el autor a la medicina y lo avanzada que estaba en algunos aspectos para aquella época en la que contaban con menos de la mitad de lo medios con los que contamos ahora.

La novela está dividida en partidos que corresponden a los diferentes lugares clave que va visitando Robert Cole. A lo largo de la historia, el protagonista recorre un sinfín de lugares exóticos y no tan exóticos, que son descritos de una manera asombrosa por Noah Gordon: la arena de Persia, la humedad de Londres, el frescor de Escocia.

Los aspectos médicos están tratados con precisión, pero el autor no recae en tecnicismos que nadie entiende; hay muchas descripciones que pueden resultar tediosas para algunos, pero se intercalan con las vivencias graciosas, trágicas, duras, amistosas y amorosas del protagonista, evitando que el lector caiga en la monotonía.

Por último, es verdad que a lo largo del libro nos encontramos con infinidad de personajes y que solo uno está desarrollado completamente para que el lector lo comprenda, viva y crezca con él. No obstante, los secundarios, que aparecen en un momento u otro del libro, juegan un papel decisivo en la vida del protagonista, aunque sí es verdad que se echa de menos profundizar en los sentimientos de alguno de ellos.