Hace cinco años, el hallazgo de momias bajo el piso del antiguo templo de la Compañía de Jesús, en Zacatecas, produjo leyendas entre los pobladores, pero lo cierto es que esos descubrimientos resultaron ser una ventana a la historia de esta ciudad, explicó el arqueólogo Francisco Montoya Mar.
Durante el salvamento arqueológico, que se prolongó a lo largo de un año, se registraron 43 inhumaciones primarias —restos que por su posición y relación anatómica, o condición de proximidad, fueron enterrados poco después de su deceso en el sitio donde se les halló sin haber sido movidos— y gran cantidad de partes óseas aisladas, como producto de la reutilización de espacios.
El tipo de suelo y la sequedad propiciaron que cinco de ellos conservaran parte de sus tejidos de forma natural, y 20 la totalidad de los mismos. Uno de los casos que más llamó la atención fue el número 14, el cual se encontraba en un ataúd tapizado con seda, decorado con listones dorados y remachado con tachuelas chapadas en oro, fue colocado originalmente con la tapa vuelta al suelo y no hacia la superficie
Dentro estaban los restos del niño Luis Rivero, quien murió a la corta edad de cinco años, víctima de fiebre escarlatina, el 12 de mayo de 1844, hace 171 años. Así lo confirman un par de liras y una elegía que el padre, Luis Rivero, y un tío del menor, Gerardo García Rojas, dejaron como constancia de su dolor.












