Apenas a cien metros de distancia del Trump Building de Nueva York y una semana después de que el magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad se impusiera en las urnas, la comunidad literaria se vistió de fiesta y acudió la noche del miércoles en los salones del restaurante Cipriani en Wall Street donde se celebró la gala de los National Book Awards.
En la fiesta anual que celebra la literatura estadounidense y que en los últimos años ha querido sumarse al glamour de la alfombra roja con trajes largos y smoking, se impusieron los autores y la temática afroamericana en tres de las cuatro categorías, quizá un último legado, este literario, de la era de Obama. Un vistazo al imponente salón donde se celebró la velada dejaba pocas dudas del cambio que ha experimentado la industria del libro, abrumadoramente blanca hasta ahora.
Constituida como una fundación los National Book Awards se sostienen desde hace 67 años gracias a la industria y a donaciones particulares, y su misión es el fomento de la literatura estadounidense y de la lectura. Su flamante directora Lisa Lucas llamó al "activismo literario" y enfatizó desde el escenario que "arreglarse, ponerse un traje largo o un smoking y venir a celebrar la literatura es un acto de resistencia". En total más de mil 400 libros han sido leídos por los jurados de las distintas categorías.
La pregunta de Wilmore sobre si América está preparado para un presidente blanco quedó en el aire, mientras unos se dirigían a la pista de baile y otros pasaban por delante del edificio de Trump en busca de un taxi. Desde luego las editoriales y librerías estadounidenses si parecen preparadas para una nueva hornada de triunfales autores negros decididos a pelear desde las páginas.












