Han pasado meses y aun así sorprende cómo es que el actor Timothée Chalamet se atrevió a decir que nadie quería ver artes escénicas.
Con un Auditorio Nacional agotado, el bailarín Isaac Hernández y compañía tuvieron cautivadas a más de 9 mil personas con el variado repertorio de números de baile que presentó la 12 edición de Despertares, y que fueron desde lo más clásico como Giselle, a lo más popular, como “Tití me preguntó”, de Bad Bunny.
El diseño del espectáculo fue ideal para un público acostumbrado a hacer scrolling sin fin en redes sociales, en búsqueda de nuevos y constantes estímulos. Ver Despertares fue como deslizar entre reels de Tiktoks, no en el sentido peyorativo, sino en que se trató de entretenimiento puro: en un instante veías el drama de Romeo y Julieta o los claroscuros de Caravaggio —con Roberto Bolle y Maria Khorevav y al instante, sorprendía un solo de batería hecho con pasos de tap vertiginoso de Bayley Graham, bailarín con el carisma de un clásico conductor de Saturday Night Live.
El programa
La actividad comenzó con Olivier Mathieu, quien acompañado de “Opening” de Philip Glass, maravilló al público con un número que desafiaba la gravedad.
Titulado Approach 17. Opening. White, con una escenografía que recordaba a la escena final de The Truman Show, la acrobacia hacía pensar no solo en el increíble control del cuerpo del bailarín, sino también en la fragilidad del ascenso y descenso de la vida, una historia con la que todos pueden conectar. Y es que, aunque Chalamet no lo crea, se pueden contar historias igual de emocionantes que en el cine a través de la danza.
Otro ejemplo de ello fue Two people in love never shake hands, donde los bailarines Nicola Wills y Tars Vandebeek interpretaron una fatídica historia de amor con pasos de danza contemporánea y al ritmo de Shepherd, de Joep Beving. Fue la pareja con más química, incluso superando a los hermanos Isaac Hernández, el anfitrión, y Esteban Hernández, quienes aun así hicieron gala de su complicidad en el mundo de la danza con “My way”, de Frank Sinatra.
Despertares tenía en consideración a todo tipo de público, el entusiasmo y las ovaciones no se detuvieron durante las dos horas que duró. Así fue como Despertares llegó a su fin, después de una clase magistral y firma de autógrafos, llevando una vez más al ballet a lo mainstream, recordando que además de ser una bella arte, no es necesario que deba sentir como un arte ajeno, sino uno accesible, con sentido del humor y gusto por ver lo que el cuerpo humano es capaz.












