La escritora y presidenta del grupo literario Décima Musa, Elsa D’Solórzano, refirió que una manera de mantener controladas y sometidas a las mujeres para no permitirles el ejercicio libre de su pensamiento, de su inteligencia y su capacidad de poder fue mediante los cuentos, cuyo canon, en algún momento de la historia, definía perfectamente lo que una mujer debía hacer.
Explica que algunas villanas de los cuentos fueron una invención para que los príncipes tuvieran un contrincante y que pudieran ser los héroes que liberarían del hechizo a las princesas. Y agrega que, originalmente, en algunos cuentos de la literatura clásica ni siquiera había una mala como tal sino que esta fue creada porque así convenía en ese momento.
Elsa pone como ejemplo a la hechicera Cirse de la mitología griega, que era una mujer muy poderosa que tenía una confrontación con la otredad, y “eso intimidaba a los hombres, porque si ellas se empoderaban, ellos no iban a saber qué hacer”.
Mediante su investigación, que lleva por título Las malas del cuento, expone que darle a la mujer el valor que se merece es una lucha que se ha venido realizando desde hace muchos años, pero es justamente en estos momentos cuando se está visibilizando aún más.
Añade que la misoginia, que es el odio a la mujer por el simple hecho de serlo, tiene un componente que no es fácil de explicar y que se relaciona con la psicología social y antropológica. “Por ejemplo en las culturas antiguas, cuando se realizaba un ritual donde se desollaba a las personas se pensaba que entre más gritara o más violento fuera el acto, más le gustaba a la deidad; y uno piensa, cómo era posible, entonces desde ahí se refleja un componente tipo antropológico que viene a crear un clima de odio hacia aquel que es más débil, hacia aquel que permite ejercer poder sobre él”, subrayó la escritora.
Ante ello, la maestra deja en claro que el feminismo no es una guerra de sexos o de querer imponer la superioridad de uno sobre otro, ya que ella piensa que todos somos complementarios y que cada uno es diferente de acuerdo a su naturaleza o constitución biológica.
Por ello, sostiene que el feminismo tiene que ver con la equidad y el respeto para valorar lo que cada uno tiene. “¿Por qué la mujer tuvo que quedarse en la cocina o en esos cuartos oscuros durante la noche, haciendo pócimas o remedios? Pues porque la magia permitida era solo para los hombres, y ellos podían ejercer esa magia positiva mientras que las mujeres caían en prácticas de invocaciones a seres sobrenaturales”, indicó.












