Los amantes del círculo polar

Los amantes del círculo polar

Considerada por muchos una película de culto del cine Español, es una fábula de amor visceral entre Ana y Otto dos nombres capicúas o palíndromos (se pueden leer de atrás para adelante y viceversa) quienes desde niños se enamoran en el colegio, a la corta edad de 8 años. A partir de ese momento, la cinta entrelaza sus vidas con una propuesta diferente, para aquel entonces, llenos de cambios sorprendentes que mantiene al espectador atrapado entre la fantasía, el romance y el misterio.

Medem manipula conscientemente los elementos de las historias de amor y con ello, el destino de sus personajes. La clave está en las miradas subjetivas: un amor visto a través de “Los ojos de Ana”, pero también a través de “Otto en los ojos de Ana”. A lo largo del tiempo una suerte de destino mantiene unidos a ambos chicos, que se reencuentran una y otra vez, y los lugares geográficos en que estos encuentros tienen lugar son justamente los que dan lugar a la película: la línea del círculo polar ártico, donde no se pone el sol nunca.

Distintas perspectivas

El filme cuenta con un guión que radica en lo particular, con una construcción por capítulos desde dos miradas, con un montaje que en momentos parece extraño pero que se adecúa perfectamente a cómo se nos quiere contar la historia. Pese al tono dramático, a la ambientación, y a una muy buena protagonista fotografía a cargo de Gonzalo F. Berridi quien resalta colores fríos con un trasfondo muy cálido que crea una promesa de bonanza rodeada de amor eterno. Y eso, en su modo de fábula, está bien transmitido aquí. La música, de Alberto Iglesias, también tiene bastante importancia en la fuerza comunicativa de la obra.

El director del filme, el español Julio Medem, comenta que su proyecto fue escribir una historia de amor narrada por cada uno de los protagonistas desde su respectiva subjetividad y parcialidad. Para ello organizó la historia en capítulos, la mayoría de ellos se llamados alternativamente “Otto” y “Ana”, indicando los diferentes puntos de vista de sus dos protagonistas.

También versa sobre el vacío que dejan las figuras paternas y maternas, sobre el efecto sanador del amor, sobre su complejidad, sobre las huidas hacia delante o sobre encontrar un lugar en el mundo en el que podamos sentirnos nosotros mismos.

El filme va construyendo una intrincada red de coincidencias, paralelismos y cruzamientos que circundan y dan forma a las vidas de estos amantes. Las coincidencias iniciales que causan la intersección de sus vidas son aparentemente insignificantes, comenzando con la carrera en el bosque en el mismo día y en la misma dirección. Un avión de papel, uno de los muchos lanzados por Otto desde la escuela, enciende un romance entre Olga —la madre de Ana—, y el padre de este, lo que dará como consecuencia que el secreto amor entre Ana y Otto se resignifique como una relación entre hermanastros, y por lo tanto devenga prohibida y secreta.

Talento español

Las actuaciones están bastante bien en su gran mayoría, pero hay que resaltar el buen papel de Nacho Novo, y, especialmente, alabar el performance de Najwa Nimri, que es probablemente la mejor actuación como protagonista de su carrera.

Esta cinta española dirigida por Medem ya es un clásico en el mundo de las películas románticas. Se estrenó en el año 1998, y recibió dos premios Goya (mejor montaje y mejor música original) y dos premios Ondas (mejor película española y mejor actriz), que la posicionaron entre las cintas españolas más conocidas.

Los amantes del círculo polar propone una reflexión sobre el amor romántico, la convicción en la omnipotencia del deseo como condición absoluta, la pasión idealizada, la creencia en el destino y en la unión perfecta y aquello que ilusoriamente vela: lo real traumático de la pérdida, lo efímero, el desencuentro, el sinsentido y la muerte. Es un Filme sobre el desencanto que paradójicamente invita al espectador a ser arrastrado por la ilusión de la pasión romántica, para ser finalmente desencantados en la última escena, en la que se nos devuelve brutalmente lo real de una mirada.