Los enfermos del siglo XX

"Fabián Rivera * CP. Muchos son los padecimientos que el hombre sufre en la actualidad. Muchos son los males que lo aquejan, que minan su condición esencialmente libre y que le impiden ejercer en plenitud este derecho. Sin embargo, más de una vez se ha comprobado que es el propio ser humano quien procura estos obstáculos.

A decir del catedrático Antonio Durán Ruiz, el siglo XX fue el escenario de múltiples conflictos y rupturas, que llevaron al hombre a enfrentarse consigo mismo y descubrir, a través del dolor y del sufrimiento, su verdadera condición sobre la tierra.

Ahora, en los albores del siglo XXI, a poco más de una década de iniciado este nuevo periodo histórico, es posible ver hacia atrás, revisar el pasado, y descubrir que, como sentenciara el filósofo rumano Emil Cioran, ""la enfermedad es el aspecto esencial del hombre del siglo XX"".

""La salud es un accidente"", asegura Cioran, en tono lapidario. Este es uno de los pilares de la ponencia ""Los enfermos del siglo XX"", que Durán Ruiz impartiera recientemente ante estudiantes universitarios.

Una perspectiva interesante es la que ofreció en torno a este tema, pues además ahondó en estos polémicos aspectos, demarcando la relación que mantienen con el arte, especialmente con la literatura.



Punto de partida

Durán Ruiz, quien actualmente se desempeña como director del Centro de Estudios para el Arte y la Cultura (Ceunach), recordó en esta ponencia, en primer lugar, al filósofo español José Ortega y Gasset, quien, según detalla, ""en cierta ocasión, en Buenos Aires, ofreció un curso, y al terminar el primer día de actividades, dijo: 'Bueno, continuamos mañana, vamos despacio, porque sólo tienen prisa los enfermos'"".

Y aseguró que uno de los legados del siglo XX, y que más padecimientos provocan, es la percepción vertiginosa del tiempo.

""A veces somos como el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas. Vivimos un mundo de prisas, como el conejo que anda corriendo siempre contrarreloj y que nunca tiene la posibilidad de responder a nada, nada para él es importante más que el tiempo"".

Sin embargo, este personaje siempre tiene prisa, pero esto nunca tiene un sentido definido, ya que en realidad nunca termina nada, ya que nunca puede detenerse. De esta manera podría interpretarse la maestría de Lewis Carroll, autor de este clásico de la literatura, quien ya en su época denotaba que la condición de lo efímero era parte de la esencia humana.



Autores, tendencias

La enfermedad como condición, así como sus consecuencias, ha sido uno de los pretextos literarios más abordados por una diversidad de autores. Uno de sus ejemplos más claros es Guillermo Fadanelli, de quien Durán retoma el título de ""Los enfermos del siglo XX"". ""Fadanelli es uno de los autores de una tendencia literaria denominada ""realismo sucio"", que narra los desechos humanos de la modernidad, así como los estragos que va causando el desarrollo tecnológico en las sociedades.

En este sentido es importante recalcar que la literatura del siglo XX, sobre todo el tema de la monstruosidad, es abordado por autores como Julio Cortázar (""Bestiario""), Jorge Luis Borges, (""El libro de los seres imaginarios""); Juan José Arreola (""Bestiario""); también hay que tomar en cuenta el trabajo pictórico de José Luis Cuevas, así como sus estatuas, y el arte del oaxaqueño Francisco Toledo.

En este sentido, dijo: ""La función del arte, del buen arte, no es producir placer, ni de retratar la realidad, ni recrearla como se ha creído; la función del arte consiste en ayudarnos a cruzar el espejo, a cruzar este mundo imaginario, ilusorio, en el que estamos atrapados, sobre todo en este tiempo en el que donde lo que ha predominado es la imagen, y sobre todo el deterioro del aspecto simbólico.

""La función del arte es renovar la percepción del mundo. De que dejemos de tener sentidos autómatas y que volvamos a instalarnos nuevamente en la vida, que podamos instalarnos en la duda"".

Los artistas son los principales artífices de la necesidad de retomar este sentido de la existencia, esta parte en la que la tecnología se muestra voraz, enajena y extravía a quien no sabe darle un uso adecuado.

El uso desmedido de la tecnología, el culto a la imagen y a la personalidad, el sentido ilusorio de la realidad, son parte de los males sobre la cual la sociedad de este naciente siglo construye sus bases. Esto, asegura el catedrático, conduce a un sinsentido del que será difícil emergen si no existen los procesos necesarios para regular su control.

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