Desde hace 20 años, a Patricia Riggen no la dejan de “torturar” en Estados Unidos. Casi es automático que los estudios no confíen en ella, aunque en su filmografía se encuentren cintas como Los 33, Milagros del cielo y G20.
“He tenido una carrera buena, pero eso no significa que sea fácil: te contratan, pero no te dejan de torturar, de hacértela difícil. No creen durante todo el proceso de hacer una película o serie, la desconfianza existe porque soy chaparrita, morenita, de ojo negro y tengo acento, y eso no le pasa a un hombre anglo”, dice.
Pero, como buena mexicana, tapatía nacida en 1970, no se ha dejado. En EE. UU., el Sindicato de Directores, al que pertenece, tiene en sus estatutos algo llamado “función de prueba”, lo que obliga a cada estudio a presentar sus filmes a un grupo de espectadores, quienes califican la labor del realizador.
Ahí, Riggen, sin los grandes reflectores mediáticos sobre ella, ha sacado calificaciones de excelencia. “Si el promedio es de 70, yo saco 90, tengo cuatro películas así. He sobrevivido y llegado hasta el final de todo, en la edición, en la música. Si de esas funciones hubiera salido con 50, 60, me hubieran sustituido por un hombre blanco, pero no ha sido así. Pero siempre llego con la guillotina sobre mí”, comenta.
De visitantes
Así como ella, hay un puñado de mexicanos que desde hace años compiten sin balón y con éxito en el mundo, más allá de los conocidos Tres Amigos. Y lo tienen que demostrar cada año, no solo cada cuatro, como sucede con la actual selección mexicana de Futbol, que ha enloquecido al país por pasar a octavos de final de la Copa del Mundo, donde tradicionalmente se han quedado.
La armada más potente pertenece a los cinefotógrafos, donde, además del ganador del Óscar Emmanuel “Chivo” Lubezki y el nominado Rodrigo Prieto, se encuentran Alejandro Martínez, Celiana Cárdenas, Pepe Ávila del Pino, Paula Huidobro, de la oscareada “Coda”; Nico Aguilar, Gonzalo Amat y Galo Olivares.
“Lo que tenemos es una gran cultura audiovisual, no es coincidencia que lo que más exporte México sean cinefotógrafos, no le tenemos miedo al color y al desorden visual, podemos poner el tambo azul con la bugambilia morada, con la pared amarilla, pero sin que se vea mal”, considera Cárdenas.
Cada uno de los mexicanos exportados tiene sus propias razones, ya sea por buscar nuevos horizontes, haber estudiado en EE. UU., seguir una historia de amor o simplemente aprovechar la globalización. “Yo tengo casa en México, voy y vengo, ahora ya no es necesario estar siempre en Estados Unidos, los proyectos llegan y allá vamos”, expresa por su parte Martínez.












