"Fabián Rivera * CP. Como parte de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, al mediodía del miércoles 18 de enero, los parachicos hicieron una escala en el antiguo panteón, para festejar a los patrones difuntos, quienes partieron físicamente pero que son recordados a través de la algarabía y el fervor religioso de las tradicionales celebraciones.
Las cortas avenidas que dan forma al interior del panteón se llenaron de música y color, pero guardando el respeto debido para el camposanto. Cientos de parachicos rindieron homenaje no sólo a los patrones, sino a sus seres queridos. ""Es una mezcla de duelo y alegría"", dice Rubisel Gómez Nigenda, actual patrón de los parachicos y que ostenta el cargo desde hace más de una década.
La tradicional procesión al Panteón Municipal de Chiapa de Corzo se realiza cada 18 de enero. El recinto, dedicado a la memoria de los muertos, se llena de flores, movimiento y bulla con el paso de estos ilustres personajes, emblemáticos de la Fiesta Grande.
Rubisel Gómez Nigenda tiene este puesto de por vida, pero es consciente de que algún día dejará de bailar, y piensa en un posible sucesor, a quien heredará este cargo, uno de los más nobles dentro del festejo.
La comitiva, en su visita a los santos patrones difuntos, salió de la casa de don Rubisel y emprendió su caminata rumbo al panteón, en medio de música de tambor y pito.
Pero los parachicos no llegaron solos. El resto de pueblo de Chiapa, entre devotos y visitantes, se unió a esta larga procesión. También amigos y familiares de los patrones, quienes son los guardianes de esta antiquísima práctica religiosa, fueron parte de esta caminata.
""Festejar a nuestros muertos es recordarlos y rendirles un sentido homenaje para que sepan que estamos con nosotros, y que seguimos en pie para seguir con la Fiesta. Siempre es importante esta fecha, porque la Fiesta sigue para todos, aun en el más allá"", aclara don Rubisel.
Así pues, parte de las danzas de los parachicos, dedicadas a los santos de la Fiesta -San Sebastián Mártir, San Antonio Abad y Señor de Esquipulas- tiene un punto crucial con esta visita, que además de ser un homenaje, constituye un puente entre la vida y la muerte, una confirmación de que la llama de la tradición continúa encendida.
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