Entre las hojas de los árboles caídas y el pasto del Complejo Cultural Los Pinos hay pequeños seres: hormigas, arañas, cochinillas, grillos y demás insectos que fueron el centro de la admiración de los visitantes que acudieron al Festival de los Monstruos del Bosque: Un Festejo Feroz, con el que se dio inicio a las actividades por el Día de la Niñez, que se celebra el 30 de abril.
Con talleres de pintura, baile, presentaciones teatrales, elaboración de talismanes, intercambio de semillas, conciertos, picnics y hasta un cumpleaños, la antigua residencia presidencial, antes reservada para el goce de los mandatarios, fue el centro de la diversión de los pequeños.
Festejo doble
El programa Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura federal, organizador de estas actividades, festeja también su 30º aniversario, motivo por el cual salió a la venta una edición especial de un billete de la Lotería Nacional para conmemorar este proyecto.
Desde las 11:00 horas, decenas de padres de familia tomaron los jardines y caminos del espacio cultural para llevar a sus hijos al encuentro con la naturaleza. En el huerto, los pequeños aprendieron de insectos, a cuidarlos, protegerlos, no tocarlos y respetarlos. Entre los puestos, los niños veían con maravillados ojos los helados y chocolates. Otros jugueteaban con una botarga de dinosaurio que los invitaba a comer una deliciosa nieve de vainilla.
En el descenso, rumbo al salón Adolfo López Mateos, pudieron grabar sus rugidos más feroces y hacer melodías con sus gritos. A un costado había muestras de campanillas, cuerdas e instrumentos musicales que podían tocar para deleitarse con los sonidos que creaban.
Convivencia
Allí, Santi y Natalia, dos amigos de 4 años, se encontraron y se engarzaron en un abrazo mientras se dedicaban amplias sonrisas. Los dos pequeños, junto con sus padres, fueron también a jugar a la casa Miguel Alemán, en el salón Nishizawa.
Ese espacio se convirtió en una habitación de proyecciones con la instalación lúdica Alpha, accidentes felices, que asombró a los niños con colores, ritmos electrónicos variados e imágenes con las cuales bailaban y brincaban. Algunos permanecieron sentados en los pufs, mientras observaban con curiosidad las figuras que quedaron plasmadas en las paredes.
En la cancha de tenis, la obra de teatro interactiva Horizonte, presentada por MákinaDT, embelesó a los menores, quienes surfearon en tablas imaginarias y rodaron por las olas. Los chiquillos y sus padres jugaban y reían mientras recorrían un pasaje imaginario con el fin de evitar caer en las aguas del mar.
Más adelante, la hondonada sirvió de escenario para que familias completas gozaran de la narración interactiva 10 patitos, de Israel Santiago, en el que los niños aplaudieron las aventuras de los animales de goma que realizaron una travesía en alta mar.
En esa misma zona, los pequeños jugaban a rodar por la empinada colina, adornada por pequeñas flores. A un costado, una niña llevó su casa de muñecas, con la cual jugaba a asomarse desde la ventana, a través de la cual veía a los patitos subir a un tren de juguete y, posteriormente, iniciar un viaje en barco.
El calor dio tregua hacia las 14:00 horas, cuando las nubes intercedieron ante el feroz Sol, y un ligero viento refrescó a los visitantes. Las aguas y las nieves nuevamente apaciguaron la deshidratación. El hambre también comenzó a hacer presencia. Los padres se tiraban en el pasto, agotados; los chiquillos, incansables, corrían eufóricamente por la zona que antes fungía de pista de aterrizaje para los helicópteros presidenciales.












