Sara Regalado * CP. A pesar de que la mayor contingencia ha pasado y el pánico provocado por la epidemia de la influenza humana se va disolviendo, aún los centros de espectáculos, reuniones sociales y el entretenimiento no llenan su capacidad al máximo. La ciudad está aplacada, aletargada, los públicos se esconden, pues las reglas y precauciones sanitarias así lo estipulan. Las butacas siguen tan vacías, al igual que los pupitres en las escuelas de nivel básico. Los estadios sólo se llenan con los futbolistas, porque, sin ser a puerta cerrada, los aficionados aún no se animan a convivir. Así, en todos espacios esperan masas, ya sean culturales, deportivos, de espectáculos, e incluso políticos.
Sociable a costa de todo
Pero el humano es un ser sociable siempre, busca el contacto y también la distracción, busca salidas de escape que lo ayuden a desprenderse un poco de su realidad a veces desgastante, o quiere, simplemente, cambiar la rutina y ponerle color, música, risas y sonidos.
Por eso, los públicos no se van a acabar. Por la ilusión de la gente de ver a su artista, su show, su equipo, su película. Las palmas, gritos, celulares encendidos, emociones, nervios, bailes y voces al unísono es lo que anoran los centros de espectáculo, porque ahora, por primera vez, el artista o exponente espera ansioso a su público, y no al revés, como normalmente sucede.











