Luis Antonio Rincón García es un escritor chiapaneco que estuvo presentando sus obras en la Feria del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) en la Ciudad de México y que ahora comparte un poco de su experiencia en ese importante encuentro editorial al que acudieron más de 400 mil personas.
En las siguientes líneas, el escritor habla de por qué ahora se dirige a un público más juvenil, y también de la importancia de que los escritores locales viajen a las ferias más importantes del país.
Por otro lado, el escritor también estuvo presentando su libro Ábrase en noches de tormenta, que fue ganador del XIII Premio Binacional Valladolid del Cuento Infantil en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).
¿Qué sientes al estar presentando tu libro en el marco de la Feria Infantil y Juvenil en México?
Presenté tres libros en esta ocasión: El salto de los duendes; Canción de cuerdas rotas y La tragedia de Jason, y a las tres presentaciones llegas muy contento, cargado de energía, porque es una oportunidad única para estar con niños y jóvenes lectores, y te permite invitarlos a leerte; en algunos casos, convencerlos de que se den la oportunidad de leer, y en otros, tener charlas sobre las impresiones que les han causado tus libros.
¿Sobre qué trata el libro Canción de cuerdas rotas?
Es la historia de un niño indígena de la zona de los Altos de Chiapas que debe escapar de la violencia que vive en su comunidad y termina, como ocurre con muchos niños migrantes, solo y en una ciudad desconocida; en este caso, en Tuxtla Gutiérrez. Lo único que trae con él es un costal con su ropa, el violín que le heredó su abuelo y muchos recuerdos. Y es ahí, en la soledad, la angustia y un terreno hostil, donde aprende a no dejarse vencer, no solo para sobrevivir sino para crecer y llegar a convertirse —con base en la disciplina, el esfuerzo y el trabajo—, en un violinista. Esa historia fue calificada por una niña de once años, precisamente en la FILIJ, como inspiracional, lo cual me halagó; y por otros lectores sé que ha movido muchas más emociones de las que imaginé mientras la escribía.
¿Cómo surge la oportunidad de que vayas a presentar este libro?
En realidad esta es la tercera ocasión que me invitan a presentar libros en la FILIJ. En este caso, Fernández Editores consideró pertinente que yo llegara a promocionar el libro y desde hace unos cuatro meses me avisaron que les interesaba que Canción de cuerdas rotas estuviera en la fiesta de libros para niños y jóvenes más importante del país, y es impensable negarse a estar ahí. Así es que acepté y ya solo nos quedó esperar la fecha y hora que definiera el comité organizador.
¿Por qué te diriges en estos momentos al sector infantil y juvenil?
Escribir para niños y jóvenes se ha vuelto un reto, un gran desafío que debo desentrañar en cada historia que comienzo. A veces es un laberinto divertido; en otras, un páramo electrizante. En cada ocasión, debo pensar y repensar e imaginar cómo sorprender al lector, cómo darle algo nuevo, con calidad literaria y que los sumerja en otras realidades: las que estoy creando para ellos. Es cierto que avocarme a la literatura infantil y juvenil fue una decisión deliberada; en algún punto me detuve a considerar que no podía estar brincando entre la otra literatura —la de adultos— y la infantil, y que esta última implicaba riesgos y caminos de aprendizaje, así que por ahí empezamos a labrar el camino con miras, por ahora, en especializarme en esta línea.
¿Qué importancia tienen los escritores chiapanecos en ferias como la Infantil y Juvenil o cualquier otro evento de renombre?
Yo creo que es fundamental que estemos ahí. De hecho, en esta ocasión nos encontramos por allá con Emilio Gómez Osuna, quien tuvo presentaciones todos los días con un éxito apabullante. Me sentí feliz —porque es un gran amigo— de ver cómo llenaba los foros y le aplaudían.
¿Qué tan importante somos para la feria? Tanto como cualquiera de los otros artistas que presentan libros, realizan lecturas, cuentan cuentos o dan conciertos. Todos sumamos a la gran fiesta cultural que estas ferias representan. Cada uno podrá (o no) tocar el alma de algún lector, y para esa persona, para esa niña, ese joven, el que tú hayas estado fue lo más importante y valió la pena. Así que creo que más allá de carteleras y currículos, todos y cada uno son y somos importantes.
Ahora, proporcionalmente hablando, en el oficio de escribir somos menos quienes nos dedicamos a la literatura infantil; por eso somos menos los chiapanecos que estamos en esta feria. Sin embargo, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara estaremos muchos más llevando nuestras letras y, como en mi caso, con Ábrase en noches de tormenta llevo historias que presentan desde una óptica distinta algunas leyendas y mitos de nuestra tierra.












