La luna de la cosecha, aparición que no se verá de nuevo hasta dentro de 30 años, no fue posible observarla en su magnificencia en Tuxtla Gutiérrez.
Es la luna llena más próxima al equinoccio otoñal, que ocurre en el hemisferio boreal en torno al 23 de septiembre, y en el hemisferio austral en torno al 21 de marzo. Sus características físicas —hora de salida, camino a través del cielo— son similares a las de la luna de cazador.
El escaso retraso en la salida del plenilunio hace posible extender la actividad de agricultores durante la cosecha, y cazadores al acecho de sus presas, a lo largo de toda la noche; de ahí el nombre que se le ha dado a estas lunas. Es también conocida como luna de vino, la luna cantarina o la luna de la llamada del alce.
Diversas culturas celebran reuniones, festivales y rituales que se encuentran intrínsecamente relacionados con estas lunas, y en ocasiones, se les pide a los miembros cuyo nacimiento haya coincidido con alguna de estas lunas que organicen un festejo para el resto de la comunidad.
La apariencia de estas lunas, más grande de lo habitual y de una tonalidad dorada, amarillenta o rojiza, es el resultado de su posición cercana al horizonte. En esta situación, la luz proveniente de un astro atraviesa una cantidad mucho mayor de atmósfera, que dispersa el componente azul, permitiendo el paso en línea recta al componente rojizo hasta el ojo del observador. A este efecto se le conoce como Dispersión de Rayleigh.
Además, su mayor tamaño aparente es resultado de la llamada “ilusión lunar”, de carácter psicológico, y afecta a cualquier objeto que se encuentre bajo en el horizonte. La luna de la cosecha que pasó este viernes 13 no se volverá a ver hasta el 2049.












