"Octavio Paz, intelectual, poeta, ensayista, funcionario público, conferencista, eventual profesor y Premio Nóbel de Literatura de origen mexicano, falleció un 19 de abril en 1998. Por ello, en el marco del aniversario 11 de su fallecimiento, en el país (así como en el extranjero) la vida y obra de este hombre de letras es objeto de homenajes. Para tener una idea de la importancia que el legado de Paz tiene en el arte, basta referir que el contenido de la exposición ""Materia y sentido. El arte mexicano en la mirada de Octavio Paz"", que se exhibe en el Museo Nacional de Arte (Munal) de la Ciudad de México, contiene un total de 320 piezas, provenientes de 14 colecciones públicas y 23 privadas.
Es una exposición que te da la posibilidad de recorrer 3 mil anos de historia, viajas a través del arte mexicano y la forma como lo conoció, apreció y valoró Octavio Paz a lo largo de su producción literaria. Comprende desde los tiempos mesoamericanos hasta nuestros días y guarda como eje conductor los textos reunidos en el libro ""Los privilegios de la vista"".
Permanecerá abierta hasta el mes de agosto, estructurada en seis núcleos temporales, subdivididos a su vez temáticamente, Materia y sentido reúne lo mismo obras maestras del arte precolombino, del virreinal (de Miguel Cabrera y Juan Rodríguez Juárez), y de artistas como José María Velasco, Posada, Hermenegildo Bustos, Diego Rivera, Siqueiros, Orozco, Frida Kahlo, María Izquierdo, Manuel Álvarez Bravo, Rufino Tamayo, Vicente Rojo, Günther Gerzso, Alberto Gironella y Juan Soriano, entre otros.
Recordemos a Paz con el siguiente párrafo tomado de ""Escombros y Semillas"": ""El hecho de que los gérmenes democráticos no sean ideológicos sino que vivan sepultados en el alma colectiva, explica que la gente haya encontrado espontáneamente y con una suerte de lucidez sonámbula, en los días que siguieron al temblor, formas originales de organización, participación y acción conjunta. La acción popular recubrió y rebasó en unas pocas horas el espacio ocupado por las autoridades gubernamentales. No fue una rebelión, un levantamiento o un movimiento político: fue una marea social que demostró, pacíficamente, la realidad verdadera, la realidad histórica de México. O más exactamente: la realidad intrahistórica de la nación"".
""Los gérmenes del renacimiento están en el origen. Son los de nuestro comienzo. Han sobrevivido a muchas desdichas y traiciones, a la seducción de la falsa modernidad y a las simplificaciones de las ideologías. Hay que preservarlos y vivificarlos; sería funesto que se desvaneciesen o volviesen a ocultarse. De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación, que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable, asimismo, que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El gobierno no es una fortaleza sino un lugar de encuentro. El temblor sacudió a México y, entre las ruinas, apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: zla vieron los que están arriba?"".
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