Mal de amores

Mal de amores

Mal de amores, la adaptación de la novela de Ángeles Mastretta, ha alcanzado el número 4 de lo más visto de Netflix apenas unos días después de su estreno. Un logro no precisamente menor para una historia que no depende de otras anteriores y con una galería de rostros a los que, al menos en España, es difícil ponerles nombre.

En un momento en el que Netflix apuesta constantemente por franquicias, thrillers y grandes producciones internacionales, una historia ambientada en el México de la Revolución y protagonizada por una joven que quiere ser médica ha conseguido hacerse un hueco entre las preferencias del público. Y desafiando su etiqueta de “femenina”.

Vuelve a encontrar a su público

Mal de amores adapta la novela homónima de Ángeles Mastretta, una de las autoras mexicanas más reconocidas. La historia la protagoniza Emilia Sauri, una mujer que crece en el México de principios del siglo XX y que se niega a aceptar un destino limitado por las convenciones sociales de su época.

La serie de siete episodios, dirigida por Catalina Aguilar Mastretta y Humberto Hinojosa, asume el desafío desde una premisa clara: situar la mirada feminista en el terreno de las decisiones personales, antes que en la épica patriarcal de los grandes acontecimientos de la historia mexicana. Su logro reside en emplear el contexto político no como un adorno de época, sino como un catalizador que pone a prueba las convicciones, los afectos y la búsqueda de soberanía sobre el cuerpo y el destino de sus protagonistas.

La trama se traslada al México de comienzos del siglo XX, durante el declive del Porfiriato. Emilia Sauri (Renata Vaca) crece en Puebla bajo el amparo de una familia de boticarios con ideas liberales que estimula su espíritu crítico. Su vocación resulta desafiante para la época: quiere convertirse en médica dentro de un ámbito académico que, por su condición de mujer, le prohíbe incluso tocar los libros de texto.

En medio de esa búsqueda profesional y del estallido de la Revolución Mexicana, la vida de Emilia queda atravesada por dos afectos contrapuestos. Daniel Cuenca (Juan Pablo Fuentes), su amigo de la infancia, se entrega a la causa maderista y encarna el riesgo y la pasión revolucionaria. El doctor Antonio Zavalza (Iván Amozurrutia), en cambio, busca la paz social y respalda las aspiraciones científicas de la protagonista.

A partir de esta tensión, Mal de amores revisa la estructura tradicional del melodrama. El amor conserva su lugar dentro de la historia, pero deja de ser la única medida posible para la realización de una mujer. La decisión sentimental importa porque pone a prueba la autonomía de Emilia, no porque complete su identidad.

El principal mérito de la propuesta radica en la manera en que replantea el aparente triángulo amoroso desde una perspectiva de género. La narración evita la fórmula patriarcal del rescate: Emilia constituye el centro del relato, no un objeto en disputa. Sus elecciones afectivas no se imponen sobre su emancipación profesional ni sobre sus propios deseos.

Esta perspectiva se refuerza mediante la figura de la tía Milagros Veytia (Cassandra Ciangherotti), referente de independencia y contrapunto ideológico de la trama. Su presencia amplía la dimensión feminista de la historia al mostrar que la lucha de Emilia no surge de manera aislada, sino que forma parte de una transmisión entre generaciones de mujeres.

Una producción de primer nivel

La producción filmó en 44 locaciones de Ciudad de México, Puebla y San Luis Potosí, además de utilizar Estudios Churubusco y Foros Maravilla. De acuerdo con información de la producción, el equipo recorrió aproximadamente 125 mil kilómetros para encontrar escenarios de época.

El vestuario incluyó más de 11 mil prendas rentadas y más de 500 piezas confeccionadas. El proyecto requirió 26 meses de trabajo en sus distintas etapas de producción y preparación. La producción contó con más de 3 mil extras.

La música incluye temas como “Cuando vuelva a tu lado”, “Dolerás”, “Cuando nos vemos”, “La Llorona”, “Paloma negra” e “Inevitable”. La banda sonora original corre a cargo de Víctor Hernández Stumpfhauser.

Apuesta visual increíble

El punto endeble de la miniserie aparece en la articulación del ritmo. En su afán por incorporar las conspiraciones, los presos políticos y la entrada de las tropas en la capital, la edición resulta por momentos apresurada. Esa acumulación reduce las pausas necesarias para que las conversaciones íntimas entre mujeres respiren con la frescura que caracteriza a la novela. Las diversas líneas narrativas también provocan que el foco se disperse en algunos pasajes, aunque sin quebrar el recorrido principal de Emilia.

El punto endeble de la miniserie aparece en la articulación del ritmo. En su afán por incorporar las conspiraciones, los presos políticos y la entrada de las tropas en la capital, la edición resulta por momentos apresurada. Esa acumulación reduce las pausas necesarias para que las conversaciones íntimas entre mujeres respiren con la frescura que caracteriza a la novela. Las diversas líneas narrativas también provocan que el foco se disperse en algunos pasajes, aunque sin quebrar el recorrido principal de Emilia.