María Antonieta, la última reina de Francia, compraba cientos de vestidos cada año y estrenaba al menos cuatro pares de zapatos por semana, pero muy pocos elementos de sus ajuares sobrevivieron a su trágico final. Gracias a una investigación meticulosa, el Museo Victoria y Alberto montó una exposición que revela, por primera vez, el estilo de quien podría considerarse la primera influencer de la historia.
Más de 200 objetos, incluyendo pinturas, vestidos, joyería, videos y, por supuesto, zapatos, conforman un caleidoscopio que narra la historia de la archiduquesa austriaca, quien llegó a Francia a los 14 años para casarse con el delfín que se alzaría como el rey Luis XVI, convirtiéndose así en la reina que transformó la moda no solo de su país, sino de Europa y América.
Exposición
La muestra ha sido todo un éxito en la capital inglesa, con entradas agotadas hasta el 22 de marzo, cuando concluye la exhibición. La madre de María Antonieta, María Teresa de Austria, le dijo antes de verla partir: “Todos los ojos estarán en ti”. Lejos estaba de imaginar cuánto tiempo la mirada del mundo seguiría sobre María Antonieta, como da prueba el gran número de visitantes que han ido a ver su estilo en el famoso museo.
María Antonieta amaba los brocados y los colores, como registra la colección de cuadros presentes en la exposición, pero, paradójicamente, manifestó su originalidad con sus famosos vestidos blancos de muselina, que le ocasionaron grandes críticas por su informalidad, ya que semejaban ropa para dormir.
De la vasta colección de vestidos de esta naturaleza rústica, pero de precios exorbitantes, solo se sabe que sobrevivió uno, y puede ser apreciado gracias al préstamo del Museo de la Tela de Jouy, en el suroeste del país, cerca del Palacio de Versalles, que contribuyó también de manera excepcional prestando al Victoria y Alberto más de 20 obras, entre estas el famoso cuadro María Antonieta con una rosa, de Élisabeth Vigée Le Brun.
Esta pintura, que mostraba uno de sus vestidos de muselina blanca, provocó tanta crítica que tuvo que ser pintado nuevamente para que diera el efecto de ser de seda celeste.











