María José, la que toma un látigo y simula pegar a dos hombres de rodillas, tapados de la boca y atados de las manos.
La que luego, tierna, pide a Yahir que la quiera, aunque sea en la canción “Contigo sí”, que arranca el alarido del público.
María José, vestida de esmoquin y medias de red, o de pantalón ajustado, o de bata rosa, de zapatos de tacón o botas negras. Ella, la que invita a Matisse a echarse el “palomazo” de “Ya no me acuerdo más de ti”, se pone en cuclillas cerca de una de las fosas cercanas al escenario mientras canta “No soy una muñeca” o que hace bailar a todos con “No soy una señora”. “¡Gracias! Estoy feliz de estar esta noche aquí en el Auditorio”, dice al público.
María José, a sus 43 años, hace por más de dos horas un recorrido musical en el Auditorio Nacional. Entre el público asegura que hay gente procedente de EU, Panamá, Centroamérica y Francia. No tiene manera de saber que algunos nacionales llegaron tarde por la “batiseñal” en la Torre Mayor, paso forzoso hacia al recinto donde se presenta.












