"México * Agencias. Investigaciones hechas en los últimos 10 anos por epigrafistas mexicanos (interpretadores de inscripciones) muestran que la civilización maya pudo haber sido gobernada desde diferentes sedes, rotadas conforme se daban revueltas o declinaciones de poder al interior de las ciudades.
El primer centro de poder maya cambiante, de acuerdo con la teoría de los especialistas en inscripciones, pudo haber tenido su origen en la Cuenca del Mirador (Norte del Petén, Guatemala y Sur de Campeche, México), para después pasar a Dzibanché (Sur de Quintana Roo) y de ahí a Kalakmul.
Tales resultados surgieron del trabajo de campo que entre 1993 y 1994 realizaron en la segunda zona especialistas comandados por el arqueólogo Enrique Nalda y que fueron presentados en el Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México, en el tomo ""Los Cautivos de Dzibanché"".
En el acto, Nelda explicó que su equipo de trabajo llegó a estas conclusiones a partir de estudios hechos desde una perspectiva arqueológica tradicional del análisis de la arquitectura, entierros, ofrendas, material estratificado y fechas obtenidas por radiocarbono.
El también catedrático de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) destacó que en los resultados revistió de primordial importancia el replanteamiento del significado, origen y manejo del ""glifo emblema"", que alguna vez se identificó con el sitio de Kalakmul, en Campeche.
Lo anterior, anadió, una vez que ""la epigrafía pone en duda hasta ahora la versión que dice que el glifo identifica a la dinastía que gobernó Kalakmul"".
Desde esa óptica, los investigadores han pensado en alternativas y mirar hacia la Cuenca del Mirador y llegar a la conclusión de las sedes de gobiernos cambiantes.
La idea que se plantea es que hay una sede que va cambiando de lugar, que posiblemente tuvo su origen en la Cuenca del Mirador, que después se reubicó en Dzibanché quizás hacia finales del siglo V y finales del VI y que a mediados del VII se habría desplazado hacia Kalakmul. Estos estudios comenzaron en 1993, cuando los arqueólogos e historiadores llegaron a Dzibanché.
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