"Recorrer la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es reconocer sus heridas de 1968; la explanada de la Torre de Rectoría con el nombre del ex rector Javier Barros Sierra; la sala ""José Revueltas"" nos recuerda, al escritor con 53 años en ese 68, a quien un año antes le otorgaron el premio Xavier Villaurrutia. Revueltas trabaja en el Departamento de Publicaciones del Comité Organizador de los Juegos de la XIX Olimpiada.
En la última semana de julio ocurren los primeros conflictos que darían lugar al movimiento estudiantil. Ante la ferocidad de la represión policiaca, los jóvenes realizan asambleas para presentar una protesta organizada. Revueltas es uno de los primeros intelectuales en acercarse a ellos.
El 1 de agosto, el rector de la UNAM Javier Barros Sierra encabeza la primera gran marcha. Se crea el Comité de Intelectuales, Artistas y Escritores, en donde participan Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, Manuel Felguerez y, por supuesto, Revueltas, quien se convierte en activo representante del Consejo Nacional de Huelga (CNH).
El 68 fue un movimiento colectivo donde todos los que se opusieron activamente en las aulas, en los auditorios, en las plazas, en la calle o en la prensa (líderes, estudiantes, profesores, intelectuales, artistas, periodistas) tuvieron su importancia. Sin embargo, intelectuales e historiadores coinciden en que hay tres personajes emblemáticos, un rector, un escritor y un poeta: Javier Barros Sierra, José Revueltas y Octavio Paz.
El primero, por su defensa a ultranza de la autonomía universitaria contra el presidente estúpidamente autoritario del México moderno; el segundo, no sólo por sus apuntes de análisis extraordinarios sobre la realidad inmediata, los cuales se hallan recogidos en su libro ""México 68: Juventud y Revolución"" (Era, 1978), sino por su integración como un estudiante más de la Facultad de Filosofía y Letras; y el tercero, por ser el único funcionario con valor civil del gobierno mexicano en atreverse a renunciar.
Es curioso que el 28 de octubre de este año la presidencia del Senado a cargo del PRI entregara post mortem la medalla ""Belisario Domínguez"" al ingeniero Javier Barros Sierra. Y es curioso dado que el 68 es un estigma de los regímenes priístas, porque jamás han dado una explicación satisfactoria y nunca han podido justificarlo. De hecho, las matanzas de opositores por los gobiernos priístas no terminaron en Tlatelolco. Después vinieron el 2halconazo"" echeverrista en 1971; la ""guerra sucia"" de los años setenta y principios de los ochenta; la matanza de indígenas en el pueblo de Wololchán en 1980 en Chiapas, la matanza de Aguas Blancas, Guerrero, y la de Acteal.
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