Los duques de Sussex han comenzado su tercera jornada australiana en Melbourne tras su paso por Sídney y Dubbo. Harry y Meghan se han dado un baño de masas a su llegada al Jardín Botánico de la ciudad. Pancartas, flores, fotos, regalos y alguna que otra lágrima, como se observa en esta imagen en la que una joven llora desconsoladamente al abrazar, por fin, a “su” príncipe. Después del aguacero del día anterior, el matrimonio ha podido pasear de la mano sin necesidad de llevar paraguas, lo que les ha permitido saludar a los ciudadanos que aguardaban ansiosos su visita.
Tras esta calurosa bienvenida, los duques de Sussex se han reunido con Linda Dessau, gobernadora del estado de Victoria y su marido, Anthony Howard. Un encuentro que nos ha dejado ver las primeras curvas premamá de Meghan, que estaba radiante con un vestido azul marino, diseñado por el australiano Dion Lee. Harry, por su parte, se deshizo de la corbata y volvió a regalarnos románticas imágenes junto a su esposa, de la que estuvo pendiente en todo momento.
Después, los invitados de honor han degustado los platos típicos de comida australiana en un restaurante ubicado en el subirbio de Fitzroy, un paso previo a su visita a la escuela de primaria de Albert Park y el esperado viaje en tranvía hacia la playa de South Melbourne. Harry y Meghan han hecho el trayecto con varios estudiantes, que no han duda en interesarse por el embarazo de la duquesa.
Además de tener un detalle con los futuros padres les han preguntado si ya sabían cómo iban a llamar a su primer hijo. “Nos ha llegado una larga lista de nombres de todo el mundo, vamos a sentarnos y echarles un vistazo”, dijo la duquesa, según ha contado Charlie Wolf, un estudiante de 12 años de la escuela de primaria de Middle Park. “Ella contó que aún no había pensado en uno porque aún era pronto”, ha añadido Ella Burns, una alumna de 12 años de la escuela de primaria de Albert Park.











