"MdeR. * CP. Carlos Monsiváis ""era la puntita del alfiler que estaba dándole y dándole; nunca se guardó lo que pensaba"". Con estas palabras se soltó a hablar la mañana del domingo Citlalli Martínez, una mujer mayor que, desde los rumbos del Aeropuerto, llegó a las siete de la mañana al Museo de la Ciudad de México a despedir al escritor.
Iba acompañada de su hijo, un joven que acaba de terminar la prepa, pero que no consiguió entrar a la universidad. Citlalli, como su hijo, como los esposos José Manuel Arce y Alicia Delgadillo, como el director de un círculo de lectura de Tamaulipas -que viajó toda la noche- son parte del grupo de lectores, oyentes, admiradores y fans del periodista, escritor, activista, defensor de causas sociales. Ajenos a los reflectores y anónimos, por iniciativa propia acudieron a despedir al escritor que falleció al mediodía del sábado en esta ciudad.
Pero ni Citlalli, ni su hijo, ni otra decena de personas pudieron entrar de inmediato, porque desde las dos de la madrugada el Museo fue cerrado; la indicación de los policías es que sólo cuando llegara la familia las puertas se abrirían de nueva cuenta. Algunos de esos visitantes madrugadores optaron por irse. Citlalli, sentada en un cartón, en un extremo de la puerta del Museo, decidió quedarse a esperar su oportunidad.
Siempre se mueren tres
La noche del jueves, Martínez Torres oyó a su madre hacer cuentas: ""Se fue Gabriel Vargas, siempre se van en triada, ¿quién sigue?"". Le siguió pues el laureado José Saramago, y un día después, sin más, Carlos Monsiváis estaba partiendo del mundo a quién sabe qué lugar.
Durante más de medio siglo, Carlos Monsiváis fue actor y testigo de numerosos acontecimientos sociales. En 1954, todavía adolescente, asistió a la manifestación de protesta contra Estados Unidos por la invasión mercenaria de Guatemala que financió la potencia del norte. Aquella marcha la encabezaron Diego Rivera y Frida Kahlo, quien ya muy enferma desfiló en silla de ruedas. Después, la figura desaliñada y entrañable de Monsi estuvo con los profesores que ocuparon los patios de la Secretaría de Educación Pública en el movimiento encabezado por Othón Salazar. Fue testigo de la epopeya de los ferrocarrileros y de la criminal represión que contra ellos ordenó Adolfo López Mateos. Igualmente, siguió de cerca el movimiento médico de 1964-65 y la huelga universitaria de 1966, con la que mostró su desacuerdo en varios puntos. Ya con su bien ganada fama en plenitud, participó activamente en el movimiento de 1968, lo que constituyó un formidable aliciente para los jóvenes de entonces. En los setenta dio su apoyo a los electricistas de la Tendencia Democrática, quienes ofrecieron una tenaz y valiente pelea por la democracia sindical. Denunció el cochinero electoral de 1988 y el de 2006, hizo la crónica de los sismos de 1985 y, en fin, estuvo siempre al lado de quienes han hecho suya la permanente pugna por el respeto a los derechos ciudadanos. Sólo eso sería suficiente para darle un lugar especial, pero hizo mucho más.
A principios de los años setenta, Carlos Monsiváis dio todo su apoyo a la naciente revista ""Punto Crítico"", la que por un breve periodo reunió a un grupo de veteranos del movimiento de 1968, del cual se apartaron pronto varios de ellos, algunos de los cuales acabarían sirviendo a los gobiernos priístas. Por supuesto, condenó el golpe de Luis Echeverría Álvarez contra ""Excélsior"" y dio su respaldo al nacimiento de ""Proceso"" y ""Uno Más Uno"", productos ambos de la diáspora de ""Excélsior"". En 1977 fue clave para el surgimiento en enero de 1978 de la revista ""Nexos"", en la que colaboró durante varios años. También dio su respaldo entusiasta a la revista ""El Machete"", en la que, entrevistado por José Ramón Enríquez, hizo una vigorosa defensa de los derechos de las mujeres y los homosexuales. Igualmente, impulsó el nacimiento de ""La Jornada"", a la que entregó opiniones acertadas, críticas de gran utilidad y textos memorables. En fin, que no escatimó su concurso a los principales proyectos heterodoxos del periodismo, aunque en varios casos, movido por las diferencias, acabó poniendo tierra de por medio.
En un artículo recién publicado en el periódico ""Excélsior"", el escritor y periodista Humerto Musacchio desenrolló con un amplia sensibilidad la personalidad de Monsiváis: ""Este republicano conoce algunos textos publicados por Carlos Monsiváis en los años cincuenta, como reseñas de libros y poemas, géneros de los que acabaría por renegar movido por su perfeccionismo, pues es bien sabido que los editores de sus libros temblaban cuando le entregaban galeras o planas para que diera el tírese, ya que no sólo hacía correcciones, sino que de plano reescribía páginas enteras, lo que retrasaba el proceso de impresión. Se sabe, no me consta, que en sus mocedades intentó escribir una novela de la que no llegó a publicarse ni siquiera una parte. Carlos inventó un género híbrido de crónica y ensayo que es el de 'Amor perdido', 'Días de guardar' y casi toda su obra aparecida en libros. En cambio, el prurito de corregir y reescribir nos impidió ver reunidos sus ensayos sobre letras, tal vez la parte más brillante y duradera de su producción, pues se trata de textos en los que se combinan brillantemente la erudición, los descubrimientos del propio Monsi, su deslumbrante capacidad analítica y su peculiarísimo estilo, todo lo cual constituía una novedosa forma de servir al lector platillos literarios del más alto refinamiento"".
Monsi, el referente obligado en cualquier tema social, cultural, político, artístico; ""el ajonjolí de todos los moles"", quedará en cenizas en el Museo del Estanquillo, en la Ciudad de México, después de los numerosos homenajes que ha recibido y recibirá en recintos como el Palacio de Bellas Artes, el Congreso de la Unión, el Museo de la Ciudad y el Teatro de la Ciudad.
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