La escritura a pesar de la desesperanza
La escritora Brenda Navarro. Cortesía

Las novelas de Brenda Navarro son un andar entre México y España, un ir y venir entre las problemáticas que reconoce como propias de su país natal con los feminicidios, la precarización de la mujer, la maternidad como imposición y confinamiento, una sociedad patriarcal, y aquellas otras que se dan en España, nación en la que vive desde hace siete años y en la que atestigua la migración, el racismo, la xenofobia y la desazón ante la destrucción del estado de bienestar, y donde también se sabe extranjera. No es ni de aquí ni de allá, o es de aquí y de allá.

En unos días, Brenda Navarro (Ciudad de México, 26 de febrero de 1982) cumplirá 40 años, lo hace convertida en una de las escritoras mexicanas más reconocidas y celebradas que se ha colocado en los últimos tres años como una poderosa voz de la literatura contemporánea, pero también en una voz que se eleva para exigir un alto a las políticas migratorias, un alto a la violencia de género y a los feminicidios, una narradora que se ha servido del tránsito entre España y México para crear un universo literario y un estilo, “he escrito lo que he escrito justo por este ir y venir”.

Brenda entró a la literatura con el pie derecho. Su primera novela, Casas vacías, que tiene como protagonista a dos mujeres frente a la maternidad: una mujer cuyo hijo desaparece en el parque donde estaba jugando, y otra mujer que se lleva al niño para criarlo como propio, se convirtió en un fenómeno literario: ha sido traducida al inglés, francés, italiano, holandés y portugués. Además de esto, el libro fue premiado con el English PEN Translation Award, 2019 en el Reino Unido.

Fue tal el furor que causó esa novela que en 2018 publicó en línea con la editorial independiente Kaja Negra, que en 2019, Sexto Piso compró los derechos para publicar Casas vacías en edición impresa. Y esa es la misma editorial que en unos días lanzará en España la segunda novela de Navarro, titulada Ceniza en la boca, que llegará a México en abril, donde cuenta la historia de dos hermanos, hombre y mujer, donde él, Diego, se mata tirándose desde un quinto piso, pero donde la autora va más allá y habla de la desigualdad, del racismo y del desarraigo.

Brenda Navarro asegura que hay muchísimas barreras culturales de esa otredad que se va construyendo y que no permite entrar a nuevos lugares, pero tampoco regresar a los lugares que tuviste, “para la literatura es tierra fértil cuando te das cuenta que no perteneces a un lugar y que nunca vas a pertenecer del todo al otro y a la vez sí”, dice la escritora que este año dará más de que hablar con su nueva novela y un sinfín de actividades literarias que tienen su agenda llena hasta casi finales de 2023.

“Definitivamente yo creo que ‘Casas vacías’, de forma intermedia, pero ‘Ceniza en la boca’, de manera total, están escritas desde una comprensión de México y de la realidad que yo entendía de una forma distinta y que ahora veo con otra mirada desde fuera”, explica Navarro, quien ha sido definida por Fernanda Melchor como “uno de los secretos mejor guardados de la literatura mexicana” que ha escrito “una punzante primera novela que habla del dolor ante la desaparición de un hijo y de la propia vida”.

Ella, la narradora que el escritor Emiliano Monge destaca como “la última gran noticia de las letras mexicanas” y que sobre su literatura ha dicho que es “inteligentísima, deslumbrante y profundamente humana”, se sabe una escritora de ficción pura, a la que no le interesa el ensayo y que toma la realidad como materia prima para sus historias que son pura literatura.

“Mi apuesta es hablar desde la ficción como un acto de imaginación para crear historias que si bien están relacionadas con el contexto en el que vivimos son historias inventadas”. Llega a tal grado su defensa de la ficción que incluso sostiene una pelea con ese género que en Norteamérica se ha denominado autoficción, que es hacer literatura atravesada siempre por el “yo”.

Sin embargo, sabe que escribe una literatura donde habla de los temas que la atraviesan y que le interesan, con los que incluso está comprometida políticamente, pero en los que no plantea su verdad. Hay mucho de ficción en su participación en las redes sociales. “Yo tengo un personaje en Twitter —@despixeleada— en el que si bien soy yo, no soy yo, siempre he querido que lo que realmente pasa en mi vida, que es una vida muy anodina, muy común, como la de todas las personas, no sea pública porque no tiene sentido, a mí no me parece nada emocionante hablar de mí misma cuando tengo la oportunidad de hablar de mil cosas que me interesan”, señala.

Se reconoce, eso sí, una escritora activista y no le quita el sueño el debate que se ha abierto en los últimos años en el mercado editorial que las lee y las pública y les exige todo: escribir muy bien, escribir cosas muy interesantes y además ser activistas desde lo femenino y entrar a ese mercado de escribir de cosas de mujeres porque se vende, “quiero que se me lea porque estoy escribiendo algo de ficción y que se me vea como una escritora activista que escribe sobre cosas del feminismo; sin embargo, puedo lidiar con esto, tampoco pasa nada”.

A ella le interesa la política y si esa visión trasmina las historias de ficción que escribe, pues bienvenida sea. “No voy a ser yo la que va a decir que tienen que separar la literatura de mi postura política, porque qué sentido tendría, estaría negándome a mí misma, lo que me preocupa es la lectura externa, que digan ‘esta persona está haciendo solo activismo’ y que demeriten mi trabajo creativo que es por el que lucho y el que disfruto”, argumenta.

Ha sido activista antes de entrar a la literatura. Ha colaborado con diversas ONG, como Artículo 19 Capítulo México y Cátedra Unesco de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Forma parte de redes de mujeres feministas como “Ellas cuidan” y coordina charlas con escritoras porque una de sus luchas es visibilizar el tema de escritoras y cuidado, y la triple jornada.

“Creo que mi generación, incluso la generación anterior, somos escritoras en transición, tenemos que entender que lo que estamos escribiendo es parte de un cambio en el mundo. Nosotras no conocíamos el mundo como lo estamos viviendo ahora, a nosotros nos ha tocado ver la caída del estado de bienestar, cómo el neoliberalismo nos ha hecho súper precarios, nos ha individualizado, ha tratado de romper las redes sociales y se ha preponderado el consumismo”, afirma la escritora que tiene un diplomado en Derechos Humanos con Especialidad en Acceso a la Justicia por la Universidad Iberoamericana.

Brenda Navarro sabe que los resultados de esa lucha no los verá su generación, pero es fundamental entender que las ideas que se les ocurran, los acuerdos a los que puedan llegar y los puentes que puedan tender en América Latina y España serán fundamentales para las siguientes generaciones. “Entender que somos una generación de transición va a ayudar muchísimo a no sentirnos frustradas y a generarnos algo, que parece que nos ha quitado esta época, que es la esperanza de que lo que estamos sosteniendo actualmente y que está siendo muy doloroso, especialmente para las mujeres por la violencia. Creo que somos una generación de mujeres que puede ayudar a construir las herramientas aunque eso no signifique que nosotras las podamos usar en la práctica”, considera.