Sara Regalado * CP. Los chinchines se callaron, el tambor dejó de retumbar, el carrizo está guardado y el parachico está llorando: se terminó la Fiesta Grande.
El sábado, antes de que por las calles de Chiapa de Corzo bajara el caudal de gente, los parachicos fueron bendecidos, dieron gracias a Dios por todo lo vivido durante nueve días y pidieron que para el próximo año tengan el privilegio de portar nuevamente la máscara, la montera y el sarape de Saltillo para salir a danzar a las calles de su heroica ciudad.
Solemne rito
La parroquia de Santo Domingo, que se alza casi a la orilla del río Grijalva, se vio repleta de parachicos durante su tradicional misa; algunos lloraban por la tristeza que les causa el fin de su fiesta, pero en este solemne rito religioso también existe la alegría que dejaron los pasados días.
En el marco de esta eucaristía se realizó también el conocido cambio de prioste; luego de que por todo un año San Sebastián, el patrono del pueblo, se quedara reposado en casa de la familia Díaz Pérez, la imagen fue entregada esta vez a los Rodríguez Díaz, quienes a partir del sábado tienen iluminado su hogar con la presencia de San Sebastián. Este cargo, que desde 1614 ha existido, exige a la familia que recibe la imagen del mártir realizar los ritos propios, como novenarios, rosarios y, por supuesto, la fiesta, que tendrá que esperar hasta el 20 de enero del 2011.











