"Martha Díaz Carrión * CP. Te fuiste cuando precisamente volví de atender asuntos que me llevaron lejos, y por lo mismo, ausente de tu amado recuerdo, como ya hace mucho había estado. Me sorprendió tu partida, estoy segura, no dolorosa, dado tu temple para enfrentarlo todo, y a pesar, muy a pesar de tu nombre, del que por tu carácter de una pieza nunca aceptaste del todo el dolor y el sufrimiento y te dedicaste a vivir con valor, con bondad, con alegría y con una enorme sabiduría, ésta última que tanto le diste con generosidad a quienes en alguna etapa tuvimos el privilegio de tu cercanÍa.
Viven siempre en mi mente y en mi corazón los anos luminosos de la infancia, cuando tu docta mano me llevó a conocer y a gustar del verso que con la sonoridad de tu profunda voz y tu egregio ademán, adquiría matices de grandeza. Tus clases de tejido me mostraron en rápida ensenanza la habilidad y el gusto para lograr creaciones, que como cuentas rosarinas salían de tus dedos prodigiosos, que con tu tenacidad de maestra carinosa lograste despertar mi habilidad manual, que al mismo tiempo y con paciencia interminable me llevó a conocer lo mismo de primeros auxilios que de artes gastronómicas, de rosales, de jardines y de momentos devocionales dedicados al Supremo Creador. Todo ello, bajo la mirada disimuladamente severa de ""mamá Chole"", tu querida mamá.
Y de los sentimientos, ?ah!, de los sentimientos; recuerdas cuántos dolores, ilusiones, pasiones, desvelos, confusiones y anhelos escuchaste, casi como en confesión, compartiendo inquietudes para las que cada vez me regalabas un consejo, un amoroso regano o una palabra de aliento.
Tu partida me duele y me inconforma. Te he vivido extranando largo tiempo, pero tengo conmigo el tesoro de lo que me ensenaste, que me hará evocar tu amistad como ahora lo hago antes de un mes que emprendiste el viaje.
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