“Quizá tenga un nivel bajo de testosterona”. Aunque es una frase que se escucha relativamente seguido, puede tratarse de uno de los mitos sobre la testosterona que circulan en redes o de boca en boca. Esto se debe a que esta hormona se ha convertido en uno de los temas más debatidos
Las redes sociales están plagadas de afirmaciones según las cuales cualquier supuesto remedio, desde los baños de hielo y la exposición al sol hasta los suplementos a base de hierbas y la optimización de la testosterona, puede hacer que los hombres sean más fuertes, más delgados, más seguros de sí mismos y, por último, pero no menos importante, más activos sexualmente.
Los síntomas mencionados son casi siempre los mismos: poca energía, menos deseo sexual y dificultad para ganar masa muscular. La testosterona puede influir en esos casos, tal y como confirman diversos estudios, pero de ahí a echarle la culpa por cada mal día a una hormona hay una enorme diferencia.
Por lo general, la producción de testosterona empieza a disminuir alrededor de los 30 años, a menudo en un 1 % o un 2 % anual. Sin embargo, esto no significa que todos los hombres desarrollen síntomas o necesiten tratamiento médico. Para saber cuándo merece la pena investigar más a fondo, conviene separar los datos de las promesas.
Estos son algunos mitos sobre la testosterona desmentidos por el doctor Jeff Foster, experto en terapia de reemplazo de testosterona (TRT) y miembro del comité de la Sociedad Británica de Medicina Sexual. Ha tratado a miles de hombres con déficit de testosterona y es coautor de las directrices nacionales de 2023 sobre esta patología.
Un resultado bajo significa que tengo un déficit
Un análisis es una fotografía del momento, no un diagnóstico. Los niveles pueden variar a lo largo del día y de un día para otro; incluso una enfermedad aguda puede influir en el resultado. Las directrices de la Sociedad de Endocrinología indican que el diagnóstico debe establecerse cuando hay síntomas compatibles y valores claramente bajos, confirmados con al menos dos mediciones matutinas.
Un único valor numérico no debería ser determinante para establecer si una persona debe someterse a una terapia de reemplazo de testosterona (TRT). Los médicos deberían evaluar los síntomas físicos, mentales y sexuales, junto con análisis de sangre repetidos y factores de salud más amplios.
Más testosterona significa más energía, músculos y deseo
Es la idea que subyace a muchos anuncios de “optimización hormonal”. La investigación clínica cuenta una historia menos espectacular: la terapia puede ayudar a algunos hombres con un déficit confirmado, pero no transforma todos los síntomas ni aporta automáticamente más vitalidad. ¿Qué dice la investigación? En los ensayos de testosterona, hombres de al menos 65 años con niveles bajos y síntomas recibieron testosterona o un placebo durante un año. El estudio publicado en el New England Journal of Medicine puso de manifiesto que si bien el tratamiento aportó beneficios moderados a la función sexual y algunas mejoras en el estado de ánimo, no mejoró la vitalidad. Estos resultados se refieren específicamente a hombres seleccionados con niveles bajos, por lo que no son una prueba de que tomar testosterona sea beneficioso para todo el mundo.
Buscar tener el nivel de testosterona más alto posible
Los niveles más elevados de testosterona suelen equipararse a una mayor masculinidad, una musculatura más desarrollada, una mayor confianza en uno mismo y un mejor rendimiento sexual. Sin embargo, la relación no es tan sencilla. El tratamiento con testosterona puede mejorar la fuerza, la libido, la erección, el estado de ánimo y la confianza en uno mismo en los hombres que presentan una deficiencia real. Sin embargo, una vez que los niveles han vuelto a la normalidad fisiológica, tomar más no garantiza necesariamente beneficios adicionales. “Los hombres deberían aspirar a alcanzar niveles normales y saludables de testosterona, en lugar de perseguir niveles elevados o intentar constantemente ‘aumentarlos’”, afirma Foster.
Tomar atajos antes de cambiar el estilo de vida
El sueño, el peso corporal, la alimentación y la actividad física pueden influir en la producción de testosterona. Si una persona lleva una vida sedentaria, tiene sobrepeso, duerme mal o se alimenta de forma inadecuada, abordar estos problemas puede suponer una mejora significativa. “Una mala calidad del sueño puede provocar alteraciones notables en la producción de testosterona”, asegura Foster.
Creer que un baño frío y la luz del sol aumentan la testosterona
Los baños de hielo, un regaderazo frío y la exposición al sol suelen venderse como métodos naturales para aumentar la testosterona. Foster destaca que las pruebas que respaldan esta tesis son extremadamente débiles. “Aproximadamente el 99 % de estos trucos no está respaldado por pruebas concretas”, afirma. “A menudo surgen de las tendencias en las redes sociales o se basan en la extrapolación de datos de estudios de pequeña envergadura para hacer afirmaciones audaces”.
La luz solar puede ayudar al cuerpo a producir vitamina D, que favorece los procesos fisiológicos normales. Esto no significa que estar al sol aumente directamente la testosterona. Del mismo modo, la exposición al agua fría puede hacer que una persona se sienta más alerta o enérgica, pero eso no constituye una prueba de un cambio hormonal significativo.












