Cuando se sube al escenario, Mon Laferte se transforma en femme fatale y se empeña en conseguir todas las miradas "para dar un buen show", pero una vez abajo, la cantante es de las que prefiere la soledad que le proporciona su casa, donde puede estar tranquila tomándose un té.
“Si me das a elegir, yo preferiría seguir mi vida normal, y que cuando me suba al escenario cambie, se haga ese click", afirmó la cantante, quien dijo estar "aprendiendo a lidiar con la sobreatención de la gente" porque sabe que esto forma parte del "paquete" que viene con su trabajo.
"Siempre tengo frío, soy como una abuelita", bromeó la intérprete, quien confesó que el paso de los años también ha hecho que se vuelva más ermitaña.
"Es algo que al principio me costaba mucho, me sigue costando, incluso me da mucha vergüenza", aseguró y agregó que cuando enseña por primera vez a su banda una canción que ha creado le da "miedo" porque sabe que luego la va a compartir con el público "y ya no hay vuelta atrás".
A partir de ahí, cada canción es un mundo. En el caso de que el tema esté basado en algo que le haya hecho daño, a veces interpretarlo le ayuda a sanar sus heridas.
Sin embargo, otras veces ocurre lo contrario, pues "cada vez repites la misma frase y lo estás reafirmando, como que se pone más intenso el sentimiento", convirtiéndose como una especie de "tortura", reconoció.












