"Montan ""A estas horas aquí"""

"Martín Vargas * CP. Con la producción a cargo de Lola Montoya y la dirección de Aarón Vite se presentó el recital ""A estas horas aquí"", un homenaje a la poesía del chiapaneco Jaime Sabines.



Crónica

El recital lo integra quien asiste: músicos, actrices, meseros, público... el escenario se extiende hasta donde la poesía de Jaime Sabines se escucha, se lee. O al menos esa es la idea. Los músicos, ""Panuelo rojo"", tocan al fondo: ""Me dueles"", ""Tu nombre"" o ""La luna"". La concurrencia escucha una vez más a Jaime, esta vez con la música de Jorge Aarón Sánchez: ""Para los condenados a muerte, y para los condenados a vida, no hay mejor estimulante que la luna, en dosis precisas y controladas"".

Casi todo el público aplaude, pero al centro de la cafetería una pareja no puede reconciliarse: ella lo recrimina, lo aparta, se aleja; él la alcanza en la salida y confiesa: ""Te quiero a las 10 de manana"".

A partir de ese momento, la mujer que fuma, el mesero, la chica que tomaba refresco con sus amigas, la senora de la esquina... avanzan por el recinto y explican a partir de un lenguaje en común -los poemas de Sabines-, su dolor y su esperanza.

Afuera de la cafetería improvisada en el teatro ""Emilio Rabasa"", el nino que vende cigarros, el chavo con uniforme de preparatoria y el fotógrafo parecen esperar -como el mismo Jaime- que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: zpor qué lloras?

Vuelve la música, es ""Perfume de Gardenias""; una mujer de vestido rojo, con una flor amarilla en el cabello, abre la pista: ""Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo, dejar mi cuarto encerrado y bajar a bailar entre borrachos. Uno es un tonto en una cama acostado, sin mujer, aburrido, pensando, sólo pensando"". Y los que antes eran espectadores ahora se suman al baile.



Clímax de la obra

Una pausa. Desde la única mesa en penumbras, alguien de guayabera blanca recita el reconocido poema ""Los amorosos"". El ambiente cambia, los personajes recorren el lugar cazando fantasmas. La concurrencia que ahora camina dentro del poema, juega a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Aarón Vite, detrás del escenario, observa atento el clímax de la puesta en escena, de su interpretación de la obra del chiapaneco Jaime Sabines. Sin planearlo quizá, es otro personaje.

""Panuelo Rojo"" propone una tregua, primero ""Mi corazón me recuerda"", ""Del mito"" y al final, con un ritmo festivo, músicos, actrices, meseros y público cantan, bailan y recuerdan la magia de ""Tarumba""

""Yo voy con las hormigas, entre las patas de las moscas. Yo voy con el suelo, por el viento, en los zapatos de los hombres, en las pezunas, las hojas, los papeles; voy a donde vas, Tarumba, de donde vienes, vengo. Conozco a la arana. Sé eso que tú sabes de ti mismo y lo que supo tu padre. Sé lo que me has dicho de mí. Tengo miedo de no saber, de estar aquí como mi abuela mirando la pared, bien muerta. Quiero ir a orinar a la luz de la luna. Tarumba, parece que va a llover"", y de esta forma culmina el espectáculo.

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