Muere pintor peruano Fernando de Szyszlo

Se destacó por una gran viveza y lucidez hasta sus últimos momentos.
Se destacó por una gran viveza y lucidez hasta sus últimos momentos.

La muerte solo lo pudo atrapar a traición en un peldaño de su casa, de la mano de la mujer que amaba, que también se fue con él, en Lima, este lunes 9 de octubre. El limeño Fernando de Szyszlo tenía 92 años.

Pintaba diariamente desde los 19, seguía teniendo al menos dos exposiciones de obra nueva cada año —en 1989 llegó a hacer doce muestras en diferentes países—, conducía su potente automóvil con la insistencia y soltura de un adolescente, saltaba de indignación ante lo que considerara atropellos de la política y escribía a menudo encendidos artículos periodísticos, tenía una memoria prodigiosa. Así se fue, entero.

Fernando de Szyszlo es considerado uno de los artistas latinoamericanos más importantes del siglo XX. El primer pintor abstracto en Perú, amigo de intelectuales de renombre desde la adolescencia, cómplice de primer orden en la llegada de la modernidad a su país.

Junto a su primera esposa, la exquisita poeta Blanca Varela, frecuentó en los años 40 la llamada peña Pancho Fierro, a la que asistían escritores de la talla de José María Arguedas y E. A. Westphalen, lugar de paso obligado en Lima para visitantes del exilio español como León Felipe, Pedro Salinas y Rafael Alberti.

En 1949 parten a París, ahí conocen a Octavio Paz, fundamental para los primeros pasos en el desarrollo de la obra de ambos, y amigo íntimo de ellos hasta su muerte. Y en ese París de posguerra y efervescencia artística, con un exiguo presupuesto mensual de 90 dólares para ambos —30 para cigarrillos—, pinta y se nutre de visitas a los museos de Europa, hace amigos entre otros jóvenes intelectuales y artistas latinoamericanos como Carlos Fuentes y Julio Cortázar, Wifredo Lam y Roberto Matta. Conocen a André Breton, Hans Hartung y Varela hace amistad con Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

Estos primeros y otros posteriores encuentros con gente que fue conociendo, lugares donde estuvo, desencuentros (el de la muerte de su hijo) y otras vivencias lo marcaron para ser el pintor que logró aunar lo cosmopolita con lo prehispánico.