Muestran al Hidalgo bribón y cruel

El libro fue editado por Océano, México, 2021. Cortesía
El libro fue editado por Océano, México, 2021. Cortesía

Un Miguel Hidalgo engreído, con ansias de sangre; que se entregaba a los placeres de la lujuria, a la bebida y a los juegos de apuestas; un hombre “complejo y contradictorio”, pues era un político hábil, pero también un violento líder insurgente que admitía que no sabía por qué luchaba, pero que ya no podía parar.

Este es el Padre de la Patria que recrea el escritor y editor José Luis Trueba (1960) en su novela más reciente, Hidalgo. La otra historia (Océano), que busca desmitificar al prócer de la Independencia mexicana, en el marco de los 200 años de la consumación de este movimiento.

“Deja de las estatuas que sobran, a este Hidalgo ni calle le tocaría; pero creo que este perfil es probablemente muy cercano a la realidad. Me hice la pregunta de cómo lo veía la gente que lo conoció, que lo trató o la que vio de cerca su lucha. Esta mirada es el resultado de cómo lo veían sus contemporáneos”, comenta en entrevista.

Desde 2011, explica, a raíz de toda la nueva información que se publicó sobre el prócer, revisó los textos de los historiadores y los documentos del siglo XIX de ambos bandos, liberales y conservadores. “Allende se pone de acuerdo con la gente para envenenarlo; no lo logra, pero se refiere a él de una manera poco grata: habla del cabrón del cura… Me llamó la atención que ninguno tenía una opinión positiva sobre Hidalgo. Lo veían como a un cuate que se había levantado en armas y que, en el fondo, ni siquiera sabía para qué”.

El novelista y cuentista detalla que el reto fue definir la voz de quien contaría la historia. “En esas estaba cuando me topé con unas palabras de Ignacio Allende, otro insurgente, que calificaba a Hidalgo como ‘el bribón del cura’. Me di cuenta que si alguien no lo quería era él. Esto me extrañó porque siempre se nos dijo que eran amigos y aliados. En la mayor parte de las hagiografías, los enfrentamientos entre Hidalgo y Allende se pasan por alto. Empiezan como aliados, pero, conforme avanza la rebelión, Allende se aleja de Hidalgo a tal grado que, incluso, planea asesinarlo”, relata.

El ensayista detalla que “cuando están en Guadalajara e Hidalgo ya se convirtió en su Alteza Serenísima, antes que Santa Anna, Allende se pone de acuerdo con la gente para envenenarlo; no lo logra, pero se refiere a él de una manera poco grata, habla del cabrón del cura. Esa opinión está muy marcada en toda la gente que anda con Allende, porque él tiene una idea no de Independencia, pero sí de lograr una igualdad entre criollos y españoles. Cree que en una lucha donde el ejército no masacre a la población civil, donde no haya saqueos. Hay un momento que la gente que conoció a Hidalgo lo escuchaba decir que ya no sabía por qué estaba luchando, pero que no podía parar”.

El sociólogo por la UAM destaca que para confeccionar Hidalgo. La otra historia leyó a pensadores como Fray Servando Teresa de Mier, José María Luis Mora, Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán y Lorenzo de Zavala; además de los testimonios de Allende asentados en el juicio que enfrentó antes de su muerte.