Muestran cosmovisión zoque

"Verónica Huesca * CP. Un recorrido a través de la religiosidad que encierran las máscaras, atuendos y altares de las etnolocalidades del territorio chiapaneco es lo que se muestra en el vestíbulo del Centro Cultural ""Jaime Sabines"" en Tuxtla Gutiérrez.

Por un lado, Manuel Alejandro Morales y Henry Ibánez exhiben las tradiciones existentes en el municipio de Ocozocoautla a través de sus danzas y prácticas sociales inmersas en su propia cosmovisión.

Mientras que Eldy López retrata al municipio de San Fernando por medio de la ""Danza del Tigre y el Mono"", así como la composición de estos elementos naturales presentes en los altares zoques, según senalan en la curadería, la fotógrafa y disenadora Heidi Aguilar y el arqueólogo Josué Lozada.

Por su parte, Rurver Hernández deja relucir un altar zoque tradicional de Jitotol y las fotografías que marcan el uso del tambor en las danzas.

Esta exposición marca la preponderancia de las danzas entre los grupos zoqueanos, donde el color de la indumentaria y composición de los altares resaltan la magnificencia de una gran cultura, dejando una huella singular en el registro de usos y costumbres de este grupo tan importante en la historia de Chiapas.



Altar zoque

En lo referente al altar zoque de Jitotol se trata de una manifestación propia de los grupos de zoques de la región número 5, al norte de Chiapas, que se compone por bastones de honor bendecidos, así como los instrumentos de los que echan mano los músicos tradicionales en los días de carnaval; evidentemente, va acompanado de juncia, incensarios y copal para la ambientación de tipo ritual.



El tigre y el mono

La ""Danza del Tigre y el Mono"" se puede apreciar en Ocozocoautla y San Fernando. La indumentaria del tigre consta de ixtle pintado y grandes máscaras de felino que portan los adultos, y para el caso del mono, éste es representado por ninos. En un momento de la danza ritual parece haber una cópula entre ambos para un posible rito propiciatorio de la lluvia.

En lo referente a la danza de ""El caballito"", cuenta la leyenda que en 1880 en Coita existía un caballito blanco que mataba a los potrillos a mordiscos. Era un caballito encantado que se la pasaba brincando entre los corrales y rascando la tierra buscando sal. En 1890 se juntaron los duenos de varios ranchos que tenían grandes atajos de bestias de caballar: Domitila Mandujano duena del rancho ""El pitutal""; Guillermo Sánchez, del rancho ""El Sabino Pérez""; Juan Morales Mendoza, dueno de ""Las chayas"" y anexo; Jesús Gordillo Ochoa del ""Espinal de Morelos, y Jacinto Tirado López del rancho ""Cintalapa"". Entre todos acordaron ponerle una trampa al caballit. Con ayuda de Nicolás López del barrio Unión Hidalgo, curaron una lechuguilla de 16 metros, le untaron cebo, mostaza, alcale, pimienta molida y cerda de caballo negro. Al matar al caballito, el encanto se fue a Tuxtla, al cerro Mactumatzá, y es por eso que en 1973, la ciudad comenzó a crecer, cuando los habitantes espantados comenzaron a dispersarse y poblar la región.

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