"Ma. Antonieta Valera de la Torre * CP. Las mujeres no queremos que nos regalen nada por el hecho de serlo, pero sí que se nos reconozcan nuestros méritos, que en igualdad de condiciones laborales y profesionales no se nos discrimine por el sexo. Estamos hartas de tener que demostrar todos los días, a todas horas, en todos los lugares, que eres una súper ""woman"", que puedes con todo, con la familia, con los hijos, con la casa, con el trabajo, sin ni siquiera despeinarte.
Ayer, 8 de marzo, se festejó el Día internacional de la Mujer trabajadora. Sería interesante que hiciéramos un repaso de las injusticias que se han cometido y se siguen cometiendo contra las mujeres, como los impedimentos y exigencias cuando buscan trabajo, más allá de los requisitos curriculares (buena presencia, estado civil, examen de ingravidez); las diferencias salariales; la insuficiencia o negación de acceso a la seguridad social; las jornadas de trabajo al margen de la ley; el acoso y el chantaje sexual en los lugares de trabajo y de estudio; la violencia sexual y doméstica; el respeto irrestricto a la libre determinación reproductiva; las redes internacionales de tráfico de mujeres; la muy escasa participación en la representación y el ejercicio del poder político.
Existen avances porque los movimientos de mujeres se globalizaron, se ha participado en conferencias, se han lograron consensos resolutivos que crean doctrina jurídica, sin embargo son las mujeres de los estratos medios, altos y ciertos segmentos populares urbanos, las ganadoras de estos cambios, no sólo porque han tenido acceso a los bienes y servicios modernos y de calidad, sino porque conocen sus derechos, sus responsabilidades, así como las formas institucionales de resolución de los conflictos cuando esos derechos se trasgreden.
En lo que se refiere a la cuota política, si se presta atención podrá divisar como flamean las banderas de la doble moral patriarcal entre los partidos, siempre encuentran palabras, o ideas ingeniosas, para justificar la exclusión. Y de ese tipo de democracia, las mujeres no podemos esperar más que ser convocadas en tiempo de campana para repartir listas electorales, apoyar la candidatura de alguna fémina infiltrada en el sistema y aplaudir en los discursos que contengan promesas de equidad.
De no existir una acción afirmativa que afecte la realidad a través del imperio de la ley (en la que ni entre los consejeros del IFE aplica la cuota de equidad), ese grupo dominante, ni por cortesía abrirá las puertas del poder político.
Voy a creer en la equidad entre el hombre y la mujer en México, el día que vea una mujer absolutamente incapaz, inoperante, ineficiente e ineficaz ocupando un cargo público de primer nivel.
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