La eterna construcción del nuevo vestíbulo del Museo del Templo Mayor requerirá medio año más. El área, cerrada a la circulación desde 2010 y desde donde ahora se podrán apreciar los vestigios arqueológicos de la antigua Tenochtitlán, tal como la vieron los aztecas, se encuentra al 95 % de avance, pero todavía requerirá “algunos meses, unos seis”, aseguró Enrique Ortiz Lanz, coordinador de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
“Solo falta cerrar espacios, acabar ciertos techos, delimitadores, acabados. Ya está la museografía, está todo listo para instalarse en el momento en que se abra, pero estamos condicionados, no queremos atropellar los vestigios”, dice el funcionario, quien achaca el retraso de la obra a los constantes descubrimientos arqueológicos que se realizaron en la superficie de 50 por 24 metros de longitud y que forman parte de la Plaza Gamio, en el costado oriente de la catedral Metropolitana.
El concepto que en su momento planteó el arquitecto Francisco Serrano para el lugar y que consistía en jugar con la idea de bajar al inframundo ha cambiado. Entonces, el vestíbulo incluía el predio de las Ajaracas donde el 2 de octubre de 2006 se encontró el monolito de Tlaltecuhtli. Ahora, explica Ortiz Lanz, “lo que estamos haciendo es retornar al nivel original; queremos que los visitantes observen los vestigios de la zona arqueológica de la altura desde la cual la vieron los mexicas, el inframundo sería otro concepto mucho más profundo”.
En la parte superior del vestíbulo serán colocadas tres maquetas de bronce para dar una idea de cómo fue la zona: la primera sobre la ciudad de Tenochtitlán; una más del Valle de México y otra del propio Templo Mayor. A través de esa área también se podrá llegar a la calle de Justo Sierra como sucedía hace muchos años. De acuerdo con Enrique Ortiz Lanz “es cuestión de semanas” para que el tramo de la calle de Argentina también sea reabierto al público.












