Música alimentada con espíritu poético

"Fabián Rivera * CP. La música es uno de los elementos básicos que componen un poema. El ritmo, aquello que toca las fibras más sensibles del que escucha.

Tratar de transmitir el complejo sentido que contiene un poema a través de otras expresiones artísticas es casi imposible. No en cuanto a la fidelidad de lo que el poema expresa. Sin embargo, cabe la posibilidad de reinterpretar el texto y ofrecer una versión de lo que esencialmente lo conforma.

Una producción discográfica busca reunir música y literatura en un mismo conjunto: ""Aléia"", presentado el 25 de agosto en las instalaciones de la Casa de la Cultura ""Luis Alaminos Guerrero"".

Socorro Trejo, poeta, ofrece una breve nota al respecto: ""Una larga nostalgia ronda por las canciones de este disco, nostalgia que deja el sabor de lo vivido, del amor que solo ya es presente en los recuerdos (...) pero que el poeta vuelve a recrear, vuelve a vivir una y mil veces, porque la realidad y la fantasía se mezclan, se convierten en una nueva historia bajo el influjo mágico del verso"".

Enrique Flores Amastal (Puebla, 1948) es el autor intelectual de estas breves piezas literarias hechas música. De profesión administrador de empresas, valiéndose de su formación artística en la UNAM y otras instituciones educativas, en las que estudió teatro, cine y literatura, ha dedicado, en últimas fechas, buena parte de su tiempo a la práctica de la literatura.

""A partir de todo ese conocimiento cultural, comencé a escribir y a participar en publicaciones especializadas en la Ciudad de México, como 'La pluma del ganso', en torno a la cual hay un movimiento muy fuerte que aglutina a un nutrido grupo de escritores coordinados por Dantón Chelén, que se ganan la vida mediante su profesión, pero que tienen un objetivo en común: la literatura"", comentó.

Su contacto con la literatura y su apasionamiento lo llevaron a escribir ""Aléia"", que lleva por subtítulo ""Contigo culmina mi vida"". Tras un proceso de revisión y corrección, el conjunto total de textos, que reunió en sus ratos de contemplación y que confesó haber redactado en servilletas, ""en aquello que tuviera más a la mano"", finalmente quedó en 22 poemas: ""Me dije, si Neruda reunió 20 poemas de amor, yo tan solo agregué otros dos"".

De cómo un libro puede hacernos conocer otros horizontes, Flores Amastal es un claro ejemplo de que los medios de la información y las redes sociales pueden ser un gran apoyo para intercambiar ideas, intereses y proyectos.

Enrique entró en contacto con David Pichardo por periódicos impresos que revisaba minuciosamente en la Ciudad de México. Por medio de esto, se enteró de que Pichardo musicalizó poemas de Jaime Sabines y Rosario Castellanos, en especial del disco ""A tiempo con Sabines"", que Pichardo musicalizó en 2004 con el apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc).

Este interés lo llevó a establecer un vínculo más directo con el compositor a través de la red y a mostrarle alguno de sus versos. ""Mi sorpresa fue mayúscula al encontrar, tiempo después de haberle escrito, que había musicalizado uno de los poemas de mi libro 'Aléia'; el significado que adquirió este texto al rebasar los límites del papel es totalmente distinto. Esta sorpresa me hizo darle seguimiento al trabajo de Pichardo y de esta forma, tras varios meses de colaboración, finalmente logramos sacar el disco, que se titula igual que mi libro"".

La aventura de David Pichardo Bringas, músico y trovador de amplia trayectoria, comenzó cuando era muy joven: ""Yo todo esto lo empecé desde chamaco. Recuerdo que tenía 16 o 17 años cuando escuché a Joan Manuel Serrat y por medio de él sentí el interés de musicalizar la poesía"".

Sobre el proyecto, agradeció la confianza brindada por el autor para facilitarle los textos y trabajar con éstos en la libertad que él necesitaba. ""La confianza es algo que se ha perdido con el tiempo, y haber establecido un vínculo tan estrecho y de amistad con Enrique hizo que esto finalmente rindiera frutos"", apuntó.

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