“Desde muy jovencita, he tenido que librar duras batallas de bullying sobre mi figura y mi persona”, afirma Alicia Machado, la modelo venezolana que en 1996 fue violentada por el entonces empresario, Donald Trump.
El que sería el presidente de Estados Unidos compró la franquicia de Miss Universo dos meses después de que ella se coronara como la mujer más bella del planeta.
Trump la llamaba ante los medios de comunicación “máquina de tragar comida”, “miss ama de casa” y “miss Piggy” al hacer referencia a su apariencia física. “Hoy me siento muy orgullosa de ser Alicia Machado y de ser la Miss Rebelde que vino a defender muchas cosas frente a este señor, que no es más que una representación de lo que significa el acoso a una persona”, dice en entrevista.
Uno de los peores episodios sucedió frente a muchas cámaras, cuando el político la obligó a hacer ejercicio delante de periodistas en una conferencia en la que discutió sobre el peso de Machado. “(Ella) es alguien a quien le gusta comer”, bromeó el empresario.
Ahora, Alicia valora más su físico. Entiende que ese tipo de abuso psicológico tiene hoy un nombre popularizado, body shaming, un concepto que, considera, fue abanderado por mujeres como ella, que lucharon en los 90 contra todo un aparato que las señalaba por su físico. La actriz celebra que las mujeres vivan en un contexto que fomenta la denuncia. “Me da orgullo ser una bandera de eso”, señala. “Espero que lo que yo viví sirva y valga la pena para que (otras mujeres) se quejen, para que no se queden calladas, que no permitan que nadie las abuse, que nadie se burle de ellas, que ningún hombre les diga que no valen porque son gorditas o porque son flacas o porque tienen chiche o no tienen chiche”.
Machado sabe que no todos los hombres son Donald Trump. En su caso, recuerda que su padre fue quien le inculcó una personalidad fuerte y libre. “Mi empoderamiento no es porque haya sido una niña que sufrió abusos, al contrario, soy la empoderada que soy porque así me crio mi papá, me decía ‘usted siempre vaya con actitud de dueña y haga lo que quiera’”, cuenta.
Desde esa libertad, quiere mandar un mensaje a mujeres de todas las edades: “La libertad nunca es negociable. Defiendo mi libertad de pensar, de decir, de vestirme, de tomar decisiones, con quién ando o no o qué proyectos quiero”.











