Verónica Huesca * CP. Majestuosas coreografías, llenas de destreza, técnica, agilidad y dinamismo, que denotan una gran habilidad y talento para la danza, son las que ejecutan los Ninos Virtuosos del Cáucaso, una de las más famosas agrupaciones infantiles de ballet folclórico.
Herederos del conocimiento de sus maestros del Ballet Nacional de Georgia, los Ninos Virtuosos del Cáucaso es una agrupación integrada por 30 ninos con edades que oscilan entre los 7 y 12 anos, quienes materializan en cuarenta números divididos en dos actos, la historia de la región montanosa del Cáucaso, cordillera que se extiende por Georgia, Armenia, Azerbaiyán y el suroeste de Rusia, considerada la frontera natural entre Europa y Asia.
Esta región ha sido protagonista de batallas históricas y determinantes, que son llevadas a escenas por parte de la Escuela del Ballet Nacional de Georgia fundada en 1995, con el fin de dar a conocer ante el público de todo el mundo el folclor popular que los envuelve.
Esta institución dancística selecciona a los pequenos desde los tres anos de edad, por sus habilidades y aptitudes innatas para el baile. Cuando cumplen seis anos son nuevamente seleccionados para conforman la agrupación, en la que permanecerán hasta los doce. De tal forma que el ingreso a la Academia del Ballet Infantil de Georgia, cuyo director es Gia Davitashvili Jr. y la coreógrafa, Nina Ramishvili -ambos considerados como patriarcas del ballet georgiano- es riguroso.
La formación académica implica una exigente disciplina en la cual los ninos aprenden a danzar en puntas de pies, postura característica de las danzas folclóricas caucásicas. En el caso de las ninas, son preparadas para que puedan representar la fragilidad, la feminidad y la belleza en cada coreografía. Así, los bailes presentados manifiestan las formas de organización social y el sentir de la población, especialmente el respeto que tienen hacia el sexo femenino; durante cada baile, a las mujeres no se les ve directamente a los ojos, y ni siquiera se les roza, es decir, se trata de la representación de los roles entre el hombre y la mujer: él como un fuerte protector y guerrero que, ataviado con sables y cuchillos, ejecuta saltos impactantes para caer en la punta de los pies, sin más protección que unas botas de cuero flexibles que portan. Este acto es símbolo de la alerta permanente en que ha vivido la región caucásica.
Mientras que las mujeres lucen completamente ataviadas desde la cabeza hasta los pies, sinónimo de honradez e integridad.
Así, entre bailes que relatan las costumbres familiares, la ceremonia de la pedida de mano, el ritual guerrero del baile de los cuchillos y otro más sobre la caza, cuando bajan del monte con sables; los Ninos Virtuosos del Cáucaso son el ejemplo fiel del talento, la disciplina y la lealtad hacia su país.











