El próximo jueves se celebrará como desde hace 68 años el Bloomsday, un paseo que año con año se realiza en honor a Leopold Bloom, uno de sus personajes principales de Ulises, libro del escritor irlandés James Joyce que marcó un antes y un después en la literatura mundial y que este año celebra el centenario de su publicación.
En el marco del centenario de la mencionada novela y a unos días del Bloomsday, el poeta, ensayista y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Jorge Ruiz Dueñas, habla en entrevista de las virtudes de esta obra literaria, de pasajes del escritor irlandés, y en especial, analiza el emblemático monólogo final.
Ruiz Dueñas explora la génesis en Homero, y la recepción del Ulises de Joyce y da cuenta de su musicalidad poética, la genialidad de la historia, su aporte lingüístico y fonético, sus pasajes tan cinematográficos y sus virtudes literarias; que hacen de Stephen Dedalus un Telémaco; de Leopold Bloom un Ulises y de Molly Bloom, una mujer adelantada a su tiempo, una Penélope.
¿Ulises es un monumento de novela que lo tiene todo?
Toda esa mezcla de asuntos, toda esa musicalidad, ese conocimiento de las varias lenguas, esa búsqueda fonética, ese mucho conocer el sentido lingüístico de los idiomas modernos, su visión de la historia del mundo, incluso su seguimiento del filósofo Vico, todo ello, con esa plataforma novedosa que va del simbolismo al vanguardismo, pues es lo que hace de Joyce el que nos permita escribir ahora como escribimos, y México no es la excepción.
¿Los escritores mexicanos fueron tocados por Joyce?
Yo recuerdo que en el segundo Simposio de James Joyce, en 1969, William Peden de la Universidad de Missouri dio una conferencia que se llamó “James Joyce en México”, fue un estudioso que a lo largo del tiempo se dedicó a ver la influencia de Joyce en la literatura latinoamericana, sobre los escritores latinoamericanos, más allá de los españoles.
¿Hay autores más joycianos?
Por supuesto que inmediatamente nos viene a la mente Cortázar, pero en el caso nuestro hay varios que fueron estudiados por Brian L. Price, profesor e investigador de la Universidad de Texas, quien encuentra y cita las influencias o bien de la teoría estética como en el caso de Ramón Xirau, o bien de los estilos joycianos como puede ser Carlos Fuentes, Fernando del Paso y Salvador Elizondo. El caso de Salvador Elizondo es excepcional.
¿Es excepcional porque lo tradujo o por su estilo?
Elizondo incluso es considerado por Price como un extraordinario traductor. Lo que hizo Salvador es que tradujo la primera página del Finnegans Wake, que es la última obra complejísima de Joyce, que tiene muchos idiomas, y Price lo compara con la última página del Ulises traducida por Jorge Luis Borges y lo que dice Price es que la tarea de Salvador en el caso concreto del Finnegans Wake es superior a la que hizo Borges sobre la última página del monologo del Ulises, el monólogo de Molly Bloom.
Borges borra el paisaje dublinés, lo recarga con la impronta porteña, sobre todo el voceo para adecuar esto al lector argentino; y en el caso de Elizondo, hizo una tarea meticulosa de una gran fidelidad al texto. Dice Price que a 280 palabras traducidas, correspondieron mil 900 palabras y 33 pies de páginas. Salvador era meticuloso y era un gran lector.
¿Por qué es tan grande el Ulises?
Quizás el maestro Arqueles Vela, que lo recordamos poco y que unas semanas antes de morir entregó un texto que le sería publicado sobre el Ulises y lo sintetizó en lo siguiente, dijo que era “el babelbalbuceísmo”, que era una liberación del lenguaje, del confinamiento verbal y que los neologismos que empiezan con onomatopeyas sin sentido claro, terminan con fonemas precisos.
La verdad es que es una novela que evidentemente inicia sobre todo en los tres primeros capítulos en forma de una novela naturalista, pero que de alguna manera avanza hacia el simbolismo y de allí va marcando esquemas y formas novedosos que en efecto han generado una impresión y un cambio. Sin duda hay un antes y un después en la prosa.
Nos enfrentamos a una novela que tiene tres grandes partes y que paulatinamente va moviéndose de esa visión naturalista hacia una novela con características simbolistas. Joyce tiene a Ulises como modelo homérico de la astucia, lucha y constancia.











