No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -zqué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueno,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueno.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
Después de todo
Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne, de los cuerpos
desnudos, lámpara de la muerte en el
mundo.
Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo, mezquina
paga de los que mueren juntos.
A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed, clavaste el corazón a un muro.
Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho, el que ha de darme todo en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.
Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.
Pensamiento
A 83 anos de distancia, Jaime, en mi soledad tu presencia se agiganta, con reverencia y recuerdos indelebles, te saludo en tu sitial supremo de la inmortalidad. Juan Gutiérrez Marroquín.











