Las matemáticas, como el tema de género, están en todo, lo sabemos, sin embargo, entendemos que su comprensión y su estudio obliga a dejar ideas preconcebidos o prejuicios a un lado. Por lo mismo, preferimos dejar el asunto para después... un después que jamás llega.
A las matemáticas las necesitamos para hacernos la vida más fácil. Con el género sucede lo mismo, es desechar nuestra cultura machista, porque nos afecta, nos mata, nos violenta, pero su comprensión es de flojera.
En estos días en los cuales ya conocemos a los personajes que van a contender por la presidencia de México, nos queda claro que ninguno de los tres conoce el tema de género. Aunque tenemos una mujer en la lista, el ser mujer no garantiza entender el tema. Así como el tener cerebro tampoco garantiza que conocemos su funcionamiento, aunque lo usemos a diario.
Lo que tenemos claro todos es el hecho de que los triunfos electorales en Latinoamérica han sido por el voto decisivo de las mujeres. México no es la excepción, en nuestro país las mujeres votamos más que los hombres. Por lo que los candidatos están obligados a entender y ofertar los temas que nos interesan a las mujeres.
Estos temas que exponen de manera sencilla líderes como Patricia Mercado, Martha Lamas, Marcela Lagarde, Magda García Hernández, Gabriela Delgado, Sara Lobera, Marisa Belausteguigoitia, Consuelo Mejía, Rosario Robles, Tere Ulloa, Carmen Aristegui, entre muchas otras que llevan años trabajando en diferentes campos, desde el presupuesto con perspectiva de género, educación en género, lenguaje sexista, trata, discapacidad, rendición de cuentas, observatorio de violencia, feminicidios, violencia intrafamiliar, pobreza feminizada, calidad en la educación, entre muchos otros, aún a muchos les son ajenos.
Encontramos jóvenes que piensan que ya los temas de las luchas feministas le son ajenos. Son mujeres empoderadas para decidir con quién, cuándo y cómo casarse. La mayoría lo hace antes de los 30 años y llega al matrimonio con una educación profesional. Ellas no tuvieron una mamá que les puso límites, ni las obligo a quedarse haciendo el aseo domestico mientras su hermano jugaba al futbol. Sin embargo, cuando estas mujeres enfrentan la discriminación laboral, la carga de la maternidad sola, la violencia intrafamiliar, leyes de divorcio inequitativas, el abandono por tener en casa una persona con discapacidad, la trata, el acoso sexual, entonces se vuelven feministas.
Las diferencias entre sexos son culturales; por lo mismo, son sutiles. Hace poco una amiga me expuso que había asistido a una capacitación referente a su trabajo, en la cual el conferencista explicó cómo detectar cuando una persona sufre violencia de género. Entonces comprendió que ella la sufre por parte de su esposo, situación que sus amigas teníamos clara desde hace años y nunca pudimos hacerle entender.
Los cambios culturales son cambios que toman tiempo. Y las mujeres estamos en la posición de que al ejercer el derecho al voto, decidamos por las propuestas que incluyan el tema que nos afecta a las mujeres y realizar cambios positivos. Necesitamos mujeres en los espacios de decisión u hombres pro feminismo.











