"Verónica Huesca * CP. Franco Lázaro Gómez es uno de los mejores grabadores de Chiapas; un artista visionario y premonitorio, tal como lo mencionaron Ramiro Jiménez Pozo, Moisés Franco Paredes, Eraclio Zepeda y Elva Macías, durante la mesa redonda que se realizó en el Centro Cultural Ex Convento de Santo Domingo en Chiapa de Corzo.
La tarde del viernes, estos artistas de la plástica y los literatos se dedicaron a analizar la vida y obra del más importante grabador chiapaneco, organizada por los estudiantes de quinto semestre de la Licenciatura en Gestión y Promoción de las Artes, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Franco Lázaro Gómez Hernández nació el 17 de diciembre de 1922, en el Barrio de San Vicente de Chiapa de Corzo. Franco fue uno de los grandes representantes del arte del grabado en Chiapas. En el transcurso de su corta vida hizo cerca de 200 grabados para vinetas, usados en carátulas de revistas, carteles e incluso libros. Su objetivo principal era plasmar, mediante la pintura y el grabado, la vida en su pueblo natal. Sus primeros grabados los realizó en madera y la mayor parte de estos no pasan de los 10 centímetros, aunque posteriormente hizo algunos más grandes cuando recurrió al linóleo.
Franco estuvo fuertemente influenciado por las corrientes nacionalista, indigenista y folklorista, y así fue como practicó la denuncia social en pro de las clases populares.
En la mesa redonda, el especialista Moisés Franco Paredes habló sobre el surrealismo que se marca en cada una de sus obras. ""Más que productos de la fantasía alucinada por el miedo y la superstición que este artista supo recoger de su pueblo, muchos de sus grabados son claramente surrealistas. Sin embargo, el surrealismo de Franco es espontáneo; en sus obras lo fantástico es obtenido por la fusión y deformación de los elementos reales en una superrealidad que nunca pierde contacto con el origen"", senala.
En cuanto a los efectos de claroscuro propios del grabado, Franco practicó el dramatismo de los contrastes, que unas veces fueron elementales (""Caballitos"", ""Ofrenda"", ""Feria"") y otras geniales (""El vampiro""); pero también amó la sutileza y las sugerencias de los juegos de luz (""La Espera"", ""En la hamaca"", etcétera).
Por su parte, Eraclio Zepeda escribió una obra que se titula ""El tiempo y el agua"", de donde extrajo algunos párrafos para ser contados; mientras que Ramiro Jiménez Pozo, contemporáneo de Franco Lázaro, recordó anécdotas sobre su vida, algunas experiencias que vivió a su lado y el momento de su muerte en la Selva Lacandona, durante la expedición hacia Bonampak en companía de Carlos Frey y Luis Morales, camarógrafo de un noticiero mexicano.
""Después de varios días durante los cuales los expedicionarios convivieron con los lacandones y se fueron internando en la selva, hacia Bonampak, surgió un grave accidente. El día tres de mayo, Carlos Frey, Franco Lázaro y Luis Morales viajaron en lancha a la ribera de Lacanjá para trasladar una planta de luz que habían dejado olvidada en ese lugar. En el trayecto, de acuerdo con la versión de Luis Morales, el camarógrafo, la canoa se volcó en un tramo turbulento del río y fueron arrastrados hacia el fondo. Los restos de Franco fueron trasladados a Tuxtla Gutiérrez hasta el 31 de mayo"", senala Jiménez Pozo.
Sin embargo, tal parece que Franco sabía que moriría de esa forma. ""Se dibujo a sí mismo antes de fallecer. Hizo un grabado de Bonampak en el que dibuja expedicionarios con formas calavéricas; a Carlos Frey junto a él con sombras, y en la parte inferior grabó figuras geométricas, lo que podría significar Bonampak, o inclusive, las tumbas, ya que escribió a un costado Q. E. P. D., que en paz descanse"", cuenta Francisco Alonso López Villalobos, uno de los organizadores.
""Y en otro de sus dibujos, 'El sombrerón', hay un cayuco de donde están sacando a alguien del río. Son cuestiones que se relacionan con lo premonitorio"", anade.
Incluso, en el libro llamado ""El surrealismo y el caso de Franco Lázaro"", de Pedro Alvarado Lang, el autor comenta que él quería pintar y grabar lo más que pudiera, porque el tiempo no le iba alcanzar, por eso trabajó con intensidad, dejando una gran colección de 45 obras y 8 murales, donde plasmó tradiciones, leyendas y actividades de la vida cotidiana, la muerte y personajes de su pueblo natal. Todo esto puede ser admirado en la Galería de Arte que lleva su nombre (situada en el Ex Convento de Santo Domingo en Chiapa de Corzo), ya que constituyen la obra que quiso legar como un estímulo para la actual generación de artistas plásticos.
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