La Plaza Botero, en el corazón de Medellín, es un museo al aire libre engalanado con 23 monumentales esculturas del maestro Fernando Botero, que convirtieron el espacio en un referente cultural y urbanístico de la segunda ciudad más importante de Colombia. El Parque de las Esculturas –como también se conoce la Plaza Botero– dejó su pasado de zona oscura, insegura y deprimente, para convertirse en el 2000 en todo un ejemplo de recuperación urbanístico, social y cultural, y sitio obligado para el turista nacional y extranjero. Los niños, jóvenes, adultos mayores, tocan sin miedo y con respeto a las esculturas, se toman fotografías una y otra vez, porque saben que están ante las obras del pintor contemporáneo más importante que tiene Colombia, uno de los más brillantes de América Latina y el mundo. En estos 15 años del Parque de las Esculturas, han pasado por este espacio miles y miles de personas de todas las nacionalidades, jefes de Estado y de gobierno, personajes del mundo de la cultura y la farándula. En uno de los costados está uno de los edificios más preciosos de arquitectura gótica, conocido como el Palacio de la Gobernación, hoy Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, construido por el arquitecto belga Agustín Goovaerts (1885-1939), quien llegó a Colombia. Enfrente de la Plaza Botero, el visitante se encuentra con el Museo Antioquia, la institución gestora para conseguir los apoyos financieros para recuperar el espacio público y la donación del maestro Botero, que no ha perdido la conexión con su ciudad. Es una edificación de 1937, con cinco plantas, un sótano, cinco patios, diseñado por el arquitecto colombiano Martín Rodríguez, que hasta el 2000 era el Palacio Municipal, cuando se convirtió en Museo Antioquia, un espacio más para la cultura de Medellín y Colombia.












