Obras que traspasan el contexto local

Obras que traspasan el contexto local

Jaime Chabaud escribe en su columna “La crítica: Teatro”: “Algo se ha movido en las últimas dos décadas en el teatro de la región sur… bastante si recordamos la pobreza artística que era el común denominador. En particular Campeche, Chiapas, Quintana Roo y Tabasco, que eran los gatitos feos de teatro nacional”. Luego dice que se sorprendió bastante con la última Muestra Regional de Teatro de la que fue jurado.

Casquito, Pochota Teatro

Cabeza de Toro, situada al margen de la laguna La Pampa La Joya, es una localidad de tres mil quinientos habitantes (Censo 2010) , en el municipio de Tonalá.

En esa zona de esteros, bajo un árbol de mango se estrenó la obra Casquito, escrita y actuada por Joan Alexis Robles, historia que ha sido seleccionada para representar a la zona sur en la Muestra Nacional de Teatro a realizarse en el mes de noviembre en León, Guanajuato.

El creador de la obra, Joan Alexis Robles, fue el típico niño de primaria al que le gustaba declamar, al que todo el mundo lo buscaba para que estuviera en la ceremonia de clausura. “Era curioso porque soy introvertido; después de dejar el micrófono era callado, no me gustaba llamar la atención”, recuerda.

Descubrimiento

Fue en la secundaria cuando comenzó a escribir sus obras de teatro, que eran sobre el Chavo del Ocho, pese a que no había asistido a una obra como tal. Recuerda que fue justamente en esa época cuando entró por primera vez al teatro, y rememora que “olía bonito, la gente se perfuma para ir al teatro”.

No fue sino hasta la prepa —que estudió en Coatzacoalcos— que entró a un grupo de teatro, pero en su último semestre fue cuando optó por dedicar sus estudios a las cuestiones escénicas, pues había decidido estudiar Sistemas pero le daba mucho miedo saber que iba a pasar su vida detrás de una computadora.

“Abrí el periódico porque ahí se ofertaron todas las carreras de la Universidad Veracruzana. Al final venían todas las Artes: música, artes plásticas, danza y teatro (no sabía que había una licenciatura en teatro); así que agarré el teléfono, llamé a mi casa, les dije a mis papás que iba a estudiar teatro y, obviamente, me mandaron a la chingada (risas).

“Me dijeron que no, y les dije que si no me inscribía en teatro, no me iba a meter en ninguna otra carrera. Así que llegó el último día que iban a dar fichas y me vieron tan decidido y me dijeron ‘vete, pues’. Pensaban que no iba a pasar el examen; cuando dieron los resultado se quedaron impresionados”.

Estudió en la Universidad Veracruzana del 2000 al 2005. Al egresar trabajó en una compañía de teatro infantil de la Secretaría de Educación en Veracruz, donde estuvo durante cuatro años, pero renunció porque no le gustó el tipo de teatro que se hacía. Luego dio clases por cuatro años en su alma máter, en la Facultad de Teatro, pero en la licenciatura en Educación Artística, de donde también renunció.

Cabeza de Toro

“Me vine para acá a Chiapas. Dije basta, es hora de hacer teatro donde se necesita realmente, ¿no?. Porque mis compañeros, la mayoría están en la Ciudad de México, les va muy bien porque son muy buenos, la Facultad de Teatro es una buena escuela, pero me parecía poco congruente irse a la Ciudad de México cuando el arte dice todo el tiempo que no centralices, y dije no voy a hacer lo mismo. Aparte, la ciudad no me gusta, me voy a ir a la orilla, yo soy de una orilla; y dije que no hay mejor lugar y decidí irme a mi pueblo a hacer teatro, donde la mayoría de la gente jamás ha visto teatro”.

Manifiesta que en su natal Cabeza de Toro puede ver el impacto que realmente tiene su trabajo, ya que todo el tiempo le han dicho que el teatro impacta a la gente y que este puede cambiar vidas, y él quiere comprobarlo.

“Uno como escénico se queda con la idea de que el público que va a las obras sale cambiado y va a cambiar el mundo, y realmente no es cierto, a los tres o cinco minutos ya se les olvidó qué es lo que vieron y al otro día definitivamente ya no se acuerdan. En cambio, en mi comunidad puedo ver qué cambios tiene, es gente que difícilmente va a salir de ahí y mi mayor público son los jóvenes y son los niños. Así que realmente puedo ver si funciona o no”, comenta.

Alexis Robles cree que en efecto el teatro abre perspectivas, que cambia miradas y eso es lo que hace ahora, aunque es muy pronto para verlo, pero cree que con el pasar de los años podrá comprobar la hipótesis. “Mi plan es quedarme ahí, hacer un grupo de teatro con la gente de ahí y estar trabajando, hacer obras y hacer exactamente lo que pasó con Casquito. Hacer obras, sacarlas y regresar”, señala.

Su visión del mundo

Alexis dice que algunas de sus obras son adaptaciones; por lo general monta sus propios textos, pero estos a su vez son modificados. Cuenta que también ha presentado obras de Shakespeare o Molière, pero esas también son modificadas, no porque sean malas sino porque le gusta dar su propia visión del mundo, su  filosofía, su pensamiento y su forma de ser.

La misma obra de Casquito es una adaptación porque estaba pensada para cuatro actores; de hecho, así se había empezado a montar, pero por cuestiones de la vida los integrantes se fueron saliendo hasta que se quedó solo.

Confines Teatro, Jorge Zárate

La muerte, esa bestia suya, de Héctor Cortés Mandujano, es otra obra de teatro chiapaneca que ha participado en una Muestra Nacional de Teatro, en el año 2001, en Guadalajara, contando con las actuaciones de Eduardo Marcial y Leticia Pérez, y musicalización de Jorge Arón Sánchez Vallejo, bajo la dirección escénica del maestro Jorge Alberto Zárate, todos integrantes del recién formado grupo Confines Teatro.

Destaca Jorge Zárate que la inquietud de participar en la Muestra Nacional era de Héctor Cortés, pues quería recibir comentarios de Olga Harmony, quien es una de las críticas de teatro más importantes de todo el país, y finalmente consiguieron que ella escribiera sobre el trabajo de Confines Teatro.

Zárate cuenta que la puesta en escena la montaron a su regreso al estado de Chiapas. La obra habla sobre el amor y el suicidio, y quizás en ese entonces la pieza no representaba a Chiapas sino al teatro que ellos como Confines hacían en ese momento.

Pero considera también que, al margen de esa aventura, de que ensalcen o te digan que no sirves, lo verdadero está en lo inmediato, en nuestro diario vivir. Para él un festival que es imborrable fue al que acudió en Chile; quizá se deba a que fue el primero internacional o a que el trabajo que llevaron era muy maduro.

Una “cartografía” inexistente

“Ir a una muestra nacional me parece a mí que es, no sé si esté correcto decirlo, es una cartografía inexistente en el país; llegas y te tratan de maestro, como gente de bien, te dan buenas comidas, buenos hoteles, buenas salas.

“Pero eso no es nuestro diario vivir, tu diario vivir es Cabeza de Toro, es está realidad inmediata, es el portazo que te da un funcionario de cultura, es ese menosprecio que ha tenido el estado con lo que hacemos. Esta bien ir, pero somos gente de a pie; en los 17 años que llevó en Tuxtla desde que regresé seguimos en cero en cuestión de teatro”, expresa.

Asimismo, refiere que quizás hoy las políticas del estado apuntan a estar haciendo Muestras Estatales de Teatro, aunque él no sabe qué tanto construyen comunidad esos concursos. “Marihana participó el año pasado, pero nunca entendí cuáles eran las reglas del juego y desgraciadamente, como con la ayuda a los damnificados, los conocemos y sabemos que son una bola de tramposos, ya no se cree en nada y como no hay reglas claras de nada, no se entiende cómo funcionan hoy en día”, opina.

“Qué bueno que vaya una agrupación un tanto ‘desconocida’ a representar el teatro que ellos hacen, porque el teatro de Chiapas no es lo que se ve en la muestra estatal”, señala, y de igual forma supone que hay más gente que hace otro teatro; hay gente que mejor ya no participa porque no conoce cuáles son las reglas, como muchas cosas en la cultura chiapaneca”.

Al director de teatro se le inquiere que si se deberían esclarecer los parámetros y con base en eso ir definiendo, a lo que responde: “Es muy difícil concursar en cuestiones que tiene que ver con el arte, sobre todo con el teatro, ¿no? Eso me parece, es que no se sabe qué es lo que se califica; yo no sé, tú viste el trabajo seleccionado, pero ¿eso cataliza lo que se hace? ¿Nosotros somos ese catalizador del teatro que se hace a nivel local o nosotros hacemos el teatro que hacemos? O sea, ¿Lola Montoya cataliza los discursos estéticos regionales? ¿Es eso lo que debemos mostrar? No sé, me parece muy tendencioso, muy delicado”.

Además, “no me gustaría que fuera así (…) las autoridades culturales no han hecho absolutamente nada en 6 años y de repente vienen y marcan un ritmo en el que todos caemos. ¿Quién es el jurado? ¿Qué han hecho en el contexto nacional? ¿Han montado obras recientemente o dónde las han realizado? Yo nunca he visto una obra, o tal vez las montan en lugares donde no las ves. A mí me parece que eso es muy grave, muy delicado”, argumenta.

“Yo pregunto por qué no otro trabajo. ¿Hay una postura? ¿Hay una tendencia clara o un discurso escénico claro? No sé. Lo que sé es que cuesta mucho dinero y dónde pega, ¡en ningún lado! Qué pasa con los sentimientos de los que participan. Se lastiman. ¿Ahora el público que llega es un público especializado?

“Quien va a ver una obra de Lola ya sabe que va a ver un estilo, una propuesta, un discurso bien definido. El cuate que paga su boleto por ver la lucha, el box o el futbol va porque quiere ver ese evento, y ese es un público más especializado. Incauto el que va y no sabe. En ocasiones las muestras se llenan porque van los familiares y amigos a apoyar o porque ya participaste y quieres ver cómo está el otro grupo, y eso no forma una comunidad. Digo, eso es lo que me parece”, añade.

Para finalizar, declara: “Qué bueno que van estos amigos de Casquito, porque es una experiencia que van a tener, aunque la muestra tampoco es como la entrega de los Óscares y no faltará quien piense que ese es el estilo del teatro chiapaneco, cuando lo peor de todo es que en Chiapas no hay teatro, no hay movimiento teatral constante, son poco los grupos que mueven la escena”.