Abraham Oceransky Quintero (Ciudad de México, 4 de diciembre, 1943) guarda en su memoria una película que miró de niño, era acerca de un hombre que sembraba semillas de manzana, cuyos árboles se volvieron vitales para la comunidad. No lo dice, pero deja entrever que se asume como un sembrador cuyos árboles son las obras de teatro, los espacios y los cientos de artistas que ha formado a lo largo de su trayectoria, un legado vivo que ha cambiado a las comunidades con las que se ha comprometido.
El director y productor teatral radicado en Veracruz es ganador, en el área de las Bellas Artes, del Premio Nacional de Arte y Literatura 2019, el reconocimiento a los artistas y creadores que con sus producciones o trabajos docentes, de investigación y/o de divulgación, han contribuido a enriquecer el patrimonio cultural del país, que concede el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Cultura, y que se otorga también en los campos de Lingüística y Literatura; Ciencias Sociales, y Filosofía; y Artes y Tradiciones Populares.
Oceransky es premiado, según el Comité de Premiación conformado en su campo por Luis De Tavira, Ximena Monroy, Jaime Moreno, Federico Ibarra, Erik Castillo, Luis López Loza y Manuel de Jesús Velázquez, por sus grandes aportaciones que han renovado el teatro nacional, destacan la autoría de puestas en escena que son hoy referencia decisiva del arte mexicano como Las dos Fridas y El diario de Frida Kahlo.
Se reconocen también sus significativas contribuciones a la construcción y renovación de recintos teatrales en el país; su labor como formador de artistas, tanto nacionales como extranjeros, en todas las ramas de las artes escénicas; las más de cien obras que ha producido y dirigido; además de numerosos programas de televisión y su contundente trayectoria como dramaturgo. Oceransky es, para muchos, un gran maestro, y es, para casi todos lo que lo conocen, “un tipazo”.











