"México * Agencias. Óscar Niemeyer, el arquitecto que recreó en acero y vidrio las curvas de Brasil, y pasó a la historia como el creador de su capital futurista, falleció este miércoles 4 de diciembre a la edad de 104 años.
Niemeyer, creador de las edificaciones faraónicas de la capital brasileña, se mantenía activo en su taller de arquitectura e incluso participó recientemente en una polémica generada por su proyecto de construir una nueva plaza en Brasilia.
El famoso arquitecto había sido internado en junio de 2009 al sufrir dolores en la columna vertebral, pero salió del hospital el mismo día. En el 2006 estuvo internado durante 11 días después de sufrir una caída que lo llevó a ser sometido a una cirugía.
Niemeyer fue hospitalizado durante dos semanas en mayo de 2012 por neumonía y deshidratación. Pasó otras dos semanas en un hospital en octubre, por deshidratación.
En los trabajos en los que se empeñó, desde Nueva York a París y Río, Niemeyer erigió estructuras sólidas en líneas y curvas que se convirtieron en su sello, estampado en obras como el Sambódromo que alberga los desfiles de Carnaval de Río, y el Museo de Arte Moderno en Niteroi, que parece un platillo volador colgando de la costa rocosa.
""Los ángulos rectos no me atraen. Tampoco las líneas duras e inflexibles creadas por el hombre"", escribió el arquitecto en sus memorias publicadas en 1998. ""Lo que me atrae son las curvas libres y sensuales. Las curvas que encontramos en las montañas, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer que amamos"".
Esas formas circulares dieron elegancia a Brasilia, la ciudad que abrió al mundo el vasto interior de Brasil en 1960 y albergó desde entonces a la capital del país, trasladada desde Río de Janeiro.
""La arquitectura de Brasilia es la mayor contribución brasileña al arte del siglo XX"", afirmó el diplomático y crítico de arquitectura André Correa do Lago.
Correa do Lago dijo en una entrevista con que Brasil tiene contribuciones destacadas en diversas formas artísticas, pero la obra de Niemeyer en Brasilia es la principal manifestación creativa del país en el siglo pasado.
La nueva capital creció a ritmo vertiginoso hasta albergar a dos millones de habitantes, pero su diseño aún genera controversias. Los críticos afirman que carece de ""alma"" tanto como de esquinas, mientras sus admiradores aseguran que sirvió para atraer vida hacia las inmensas sabanas del interior.
El crítico de arte Robert Hughes describe a Brasilia como una ""utopía del horror"" y sostiene que ""el error básico fue dejar la planificación de la ciudad en manos de un socialista"".
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