“Se ha roto el mundo de las certezas, de las definiciones, de las verdades absolutas. Los valores han cambiado, vivimos en la subjetividad. Por esto urge recobrar el equilibrio interno”, afirma sin dudar el coreógrafo mexicano Óscar Ruvalcaba.
“Ya no creemos que existe una verdad absoluta que define todo. Ahora sabemos que permea la subjetividad, la hibridez, que la misma verdad es subjetiva. Era más fácil decir esto es bueno o malo, esto es danza o teatro, hombre o mujer. Pero hoy ese universo es menos aplicable. Eso nos ha movido mucho”, comenta en entrevista el también bailarín.
Admite que le preocupa “el positivismo infantil y ciego” de la sociedad actual y la “especie de mareo o embriaguez” que se vive por el momento, por el presente, por las redes sociales. “Si la verdad es subjetiva, deberíamos admitir que la mentira también lo es. Hay que reconocer la sombra, darle espacio. Todo es engañoso, por eso es importante regresar a las verdades absolutas”, agrega.
Esta reflexión, “aunada al viaje de tres años que llevamos desde la pandemia, que dislocó todo”, motivó al creador a dar vida a una trilogía que cierra este 2023 con el estreno de la coreografía “Center”, de la que su compañía ofrecerá 11 funciones en tres foros diferentes a partir del 10 de agosto. “El centro es un espacio muy poderoso. Existe en todos los seres humanos. Es el lugar que junta luz y sombra, que permite que ambas se comuniquen”, añade.
Quien realizó sus estudios de danza clásica en México, Estados Unidos y Cuba, destaca que “la pandemia nos arrancó del centro de nuestra vida y nos lanzó a una periferia que nadie entendía. No sabíamos cuánto tiempo iba a durar el aislamiento y si íbamos a sobrevivir. Eso nos obligó a ver todo de otra manera”.
Explica que “la trilogía parte de esto, de las dudas, las preguntas, los miedos y la incertidumbre”. La primera obra fue “Periferia” que se estrenó en 2021; y la segunda se llamó “Travesía”, que se montó en 2022. “El proyecto tiene que ver con cómo el cuerpo, nuestro vehículo de expresión y comunicación con el otro, se volvió el enemigo y era rechazado. Eso me impactó mucho, porque, como artista de la danza, para mí el cuerpo es el eje de todo”, indica.
El director de Óscar Ruvalcaba Cía., Danza Contemporánea, que fundó en 1991, confiesa que la pandemia le movió todo su esquema. “Mi ocupación fundamental fue la coreografía, el trabajo con otros cuerpos; y, de repente, descubro que el único cuerpo con el que puedo contar es el mío. “Entonces, me retomé como bailarín y ratifiqué que me apasiona. Esto me cuestionó mucho sobre el trabajo con la coreografía y la relación del coreógrafo con el bailarín, entre otras cosas”, dice.
Asimismo, reconoce que “ha sido un viaje de tres años de estar en la periferia y llegar a un centro como artista y como hombre, que no es el mismo que tenía. Se está cerrando un ciclo de casi 40 años como coreógrafo y los objetivos son otros”.
El autor de más de cien coreografías señala que su centro anterior “estaba aún amparado por las ambiciones de la juventud: el reconocimiento, el figurar, el hacer obras muy importantes, tener un lugar en el mundo”.











