"Fabián Rivera * CP. Nadie espera tanto como los muertos. A lo largo de un año, tienen la paciencia suficiente para recibir el agua que lave su morada perpetua, para recibir las flores y la limpieza que el sahumerio otorga.
El recinto de quienes ya partieron, en la capital chiapaneca, es uno de los espacios más antiguos de la ciudad; el viejo Panteón Municipal de Tuxtla es uno de sus espacios fundacionales.
El cronista Jorge Alejandro Sánchez Flores apunta, en ""Tuxtla y sus barrios. Historia, crónica y vida cotidiana"" (Edysis, 2006), que el Panteón fue creado en las inmediaciones del Barrio Nuevo, uno de los más añejos de la ciudad, ya que nació por ahí del año 1900.
Sánchez Flores aclara que este sitio fungió como refugio de los revolucionarios, los famosos ""mapaches"", que alistaban las armas en las inmediaciones.
""Después de la batalla, los mapachistas regresaban y se internaban en los terrenos del panteón, donde acampaban y toda la noche se la pasaban en vela (...) y allí, incluso, ahorcaron a varios enemigos colgándolos de los árboles que, como mudos testigos de la historia, aún existen en el camposanto"".
También cuenta la historia de Jesús Flores Selvas, a quien conocían en todo Tuxtla como ""El Arrecho"" o ""Tío Crisis"", uno de los primeros administradores del panteón municipal.
""Cuando se encontraba con alguien con quien tenía mucho tiempo de no verse, le decía: 'Qué tal cómo has estado, todavía te voy a ver la carita'; ya que se acostumbraba, antes de enterrar al difunto, que el enterrador levantara la tapa de la caja para ver por última vez al difunto, y por supuesto nadie quería que 'Tío Crisis' le viera la cara'"".
Estos relatos, conservados gracias a la inquietud de diversos personajes, forman parte importante de nuestra identidad como tuxtlecos y sobre todo como chiapanecos.
No es aventurado considerar que en la tierra y en los alrededores del camposanto más viejo de la capital están las raíces del Tuxtla tan urbano, lleno de ruido y desorden, que ahora todos conocemos.
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