Pasión al fuego: erotismo y cocina

"Verónica Huesca * CP. El escritor José Iturriaga de la Fuente presentó su más reciente obra literaria, ""Pasión a fuego lento, erotismo en la cocina mexicana"", publicada por la editorial Grijalbo.

De visita por la capital chiapaneca y San Cristóbal de Las Casas, lugar en donde dio a conocer esta investigación en la que se incluye un análisis sobre la relación entre estos dos factores: erotismo y cocina mexicana, basada en fuentes históricas que van desde la época prehispánica hasta el siglo XXI.

""El libro plantea la pregunta que surge al tocar este tema, si en verdad hay una relación posible entre erotismo y cocina. Hay una introducción como un marco general con reflexiones sobre el primer acto erótico del ser humano que es cuando recién nacido recibe el seno materno"", detalla el autor.

""Al paso del tiempo, las relaciones amorosas eróticas son conscientes. Los besos que nos damos son con el mismo órgano con el que comemos"".

Otro punto que trastoca es el hecho de que de los cinco sentidos solamente el gusto y el tacto son los que tienen un punto de satisfacción. En cambio los otros tres sentidos: el olfato, la vista y el oído no tienen límites, se puede oler algo delicioso, escuchar una música bella o ver un paisaje maravilloso sin sentir una saciedad tal cual.

""Este fenómeno de los dos factores sucede en los ámbitos culturales, en la tradición judeo-cristiana, el pecado original está simbolizado con una manzana que Eva le da a comer a Adán, connotando una relación sexual. En los pecados capitales, la gula y la lujuria tiene relación con el cuerpo, pero los otros cinco tiene que ver con el espíritu, entonces es materia de reflexión por qué no se considera el uso del olfato, la vista y el oído como un exceso, y al contrario, los otros dos sí resultan pecaminosos"".

A lo largo de ""Pasión a fuego lento, erotismo en la cocina mexicana"" se lleva a cabo un análisis documentado sobre la relación entre estos dos elementos en el México prehispánico, donde se encontró que en los sacrificios humanos, los esclavos eran encerrados durante 20 días con cuatro bellas mujeres jóvenes y con alimentos exquisitos, porque se consideraba que era mayor la ofrenda al dios si ese esclavo llegaba lleno de alegría después de veinte días de placer, que consistían en erotismo y comida.

""Durante el virreinato tenemos una situación paradójica. Por un lado, en los conventos de monjas se inventaban platillos maravillosos, postres exquisitos o bebidas deliciosas como el rompope. La paradoja está en que, en otros conventos, sobre todo de hombres, se acostumbraba castigar a los cinco sentidos: al olfato, estando horas con la cabeza metida en una vitrina; para la vista eran colocadas unas reatas ásperas en los párpados para forzar la mirada hacia abajo, y el apetito sexual era castigado a través del tacto, con la autoflagelación"", cuenta Iturriaga.

En el siglo XIX surgen los restaurantes, idea procedente de Francia, como un lugar donde se conquista a la mujer con un platillo de por medio.

En pleno siglo XX, esta costumbre se arraiga, y el compartir la comida es un ámbito propicio para generar el amor.

En el siglo XXI se dan a conocer un par de enfermedades como la anorexia y la bulimia, en las que se deja de comer, a veces hasta la muerte o se come y luego se provoca el vómito, con el objeto de verse más atractivas.

Son enfermedades psiquiátricas, pero es también una relación perversa de la comida con el erotismo. El afán por verse más atractivas las lleva a esta perversión.

El libro concluye con un capítulo sobre los afrodisiacos, que sólo existen en la tradición popular, porque desde el punto de vista científico no está comprobada la existencia de los mismos.

"