"Sara Regalado * CP. De la Candelaria, del Rosario y Olochea, las Vírgenes de Copoya se encuentran en su peregrinar por las calles de Tuxtla, regocijando el corazón de cientos de devotos que día a día acompanan a las vírgenes y celebran su llegada a cada hogar.
Como es tradición, hasta el 22 de marzo estas vírgenes están visitando una casa diariamente. Decirlo en forma general suena incluso redundante; lo interesante de estas tradiciones que desde tiempos inmemoriales se tienen y que la cultura zoque ha heredado y sigue manteniendo viva, es que en cada familia que recibe a las vírgenes hay una historia, particularidades que van marcando la diferencia y que van haciendo que esta religiosidad siga prevaleciendo.
Por ejemplo, el hecho de que la senora Elvira Álvarez recibiera a la Trinidad Mariana en su domicilio, en la colonia Patria Nueva, fue un total parteaguas en su vida, ya que desde hace muchos anos había esperado esta oportunidad, sobre todo porque esto le ayudaba a estar en paz con la memoria de su padre. ""La inquietud de tener a las vírgenes en mi casa me nació desde muy nina, lo veía como algo imposible; mi papá siempre anduvo con ellas, siempre deseó tenerla, pero nunca se pudo, se enfermó, murió y ya no pudo"", comparte Elvira Álvarez.
Asimismo, anade: ""Esta noche no dormí, tenía mucha emoción, desde hace meses es en lo único que venía pensando y aunque hubiera podido descansar un poquito, toda la noche me la pasé preparando masa para los tamales, dorando el cacao para el pozolito, se mató la res para el caldo de manana; vamos a dar la comida antes de que se vayan las vírgenes, como a las cuatro de la tarde"".
""?A mí no me tocó cargarla!""
No sólo la familia de quien recibe las imágenes participa en la gran fiesta que dura desde las cinco o seis de la tarde hasta las cuatro de la tarde del siguiente día, todo el barrio o vecindario contribuye en algo para que la fiesta sea en grande, desde los que ayudan a preparar los guisados que se darán hasta los que apadrinan las enramadas que llevan a las festejadas.
También en la procesión, aunque los mayordomos y socios van cuidando a las vírgenes, quienes las van a recibir tienen la oportunidad de irlas cargando, y aunque todos quieren vivir esa experiencia, pese a que el trayecto sea muy largo, muchas veces no es suficiente para dar cabida a todos los que quieren tener en sus manos a una de las virgencitas.
""?A mí no me tocó cargarla!"", reclamó una de las comadres de la senora Elvira, y se veía en su semblante una verdadera tristeza, porque quizá fue algo que estuvo esperando desde el día en que supo que las Vírgenes de Copoya venían.
Por otro lado, en un domicilio del barrio de San Jacinto, Guadalupe Velásquez preparó todo para recibir por octava ocasión a las tres peregrinas: un cuarto con piso de tierra, pero con todos los adornos y cuidados, fue el espacio que albergó a las vírgenes la noche en que tembló, casi en punto de las 12, lo que hizo que la velada tomara un tono de fiesta más espiritual que humana.
La mayordomía
Laura Zúniga Monzón fue recibida en la mayordomía de la Virgen de la Candelaria bajo la festividad conocida como ""La floreada"", hace más de tres anos. Desde entonces, ella se encarga de ver por el bienestar de esta virgen. Con ella, más de cien personas, entre mayordomos y socios, repartidos entre las tres vírgenes, se organizan y se reparten las funciones a lo largo del ano. Durante el peregrinar de las imágenes hay quien va guiando la procesión, quien vigila que se vista, proteja y acomode correctamente a cada una de las vírgenes, y quien se queda custodiando el altar toda la noche.
Un aspecto que tanto los mayordomos como los socios cuidan es el hecho de que por ningún motivo se les tome fotografías cuando están descubiertas. ""Esto pone tristes a las vírgenes -explica Laura-; luego, luego se les pone su semblante triste. Ahorita ya viste como están, chapeaditas y con una sonrisita bonita, pero cuando no se sienten a gusto se les ve su cara de tristeza, por eso hay que cuidarlas"". Estas celebraciones, sin duda, recogen la devoción, las creencias y la fe de cientos de personas que, a su manera, dan gracias, santifican y acogen las tradiciones, lo cual también da paso a un rato de fiesta y, por qué no, de baile. Entre cuetes, música, Parachicos, personas de todas las edades, baile, comida y bebida, se da a las Vírgenes de Copoya un recibimiento y despedida a su altura.
A partir de la próxima semana las vírgenes estarán en casas de Terán y Plan de Ayala, y el 22 de marzo será cuando suban de nuevo a Copoya.
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