Persisten los prejuicios hacia lo indígena

Ingrid Suckaer. Cortesía
Ingrid Suckaer. Cortesía

En torno al arte indígena contemporáneo persiste el prejuicio y mucha desinformación, asegura la curadora Ingrid Suckaer, quien lleva casi dos décadas investigando el tema y, sobre todo, apoyando a artistas latinoamericanos que desde sus comunidades incursionan en ese género creativo que no tiene nada que ver con el arte popular o las artesanías.

En entrevista con La Jornada, la investigadora explica que eso fue lo que quiso ahondar, sin éxito, con la nueva directora del Festival Internacional Cervantino (FIC), Mariana Aymerich, con base en el trabajo que realizó en anteriores ediciones del encuentro artístico.

En 2015, Suckaer preparó para el FIC una exposición de fotografía de Maruch Méndez, escultora y artista multimedia chamula que abordó el tema de medicinas ancestrales; en 2017 curó una muestra, también de foto, del oaxaqueño Baldomero Robles, ensayo visual acerca de recuerdos de infancia y la transformación de su comunidad (San Pedro Cajonos, Villa Alta, Oaxaca) a raíz de la migración.

El año pasado, Ingrid trabajó para presentar al colectivo Tlaculolokos, integrado por Darío Canul y Cosijoesa Cernas, oriundos de Tlacolula, Oaxaca, con un proyecto que también involucró al país invitado, que fue India.

Para este 2019, la curadora comenzó a preparar desde octubre pasado un proyecto acerca de la obra de Guillermina Ortega, artista multidisciplinaria de Veracruz, quien ha estudiado en Canadá (país invitado del FIC este año) y tiene un acercamiento con artistas indígenas de ese país que también hacen arte contemporáneo.

Creadores con postura crítica

Varios de los proyectos curatoriales de Suckaer se relacionan con su libro Arte indígena contemporáneo: dignidad de la memoria y apertura de cánones, que fue producto de la beca del Sistema Nacional de Creadores 2013-2016, que le otorgó el Fonca, el cual incluye a 20 artistas del continente.

“Estoy agradecida con el Cervantino y con Gloria Maldonado porque abrieron un espacio específico para el arte indígena contemporáneo a través de los proyectos que les presenté, los cuales no son arte popular ni artesanía sino obra que corresponde totalmente a las maneras de hacer del arte contemporáneo, abrevan exhaustivamente de sus respectivos árboles genealógicos, con una postura crítica frente a sus comunidades.

“Todos los artistas están muy unidos y comunicados con sus pueblos; tienen una relación muy estrecha con sus comunidades. Los artistas que incluí en mi libro, más otros cuatro de los que tengo información considero que son la primera generación de creadores, provenientes de pueblos originarios, que están haciendo arte contemporáneo en América Latina. Pertenecen a diferentes generaciones, el más joven ronda los 20 años, y el mayor está en principios de sus 60.

“Entre ellos figura Bernardo Oyarzún, artista mapuche chileno que representó a su país en la pasada Bienal de Venecia. Me llenó de emoción, pues en México también tenemos buena cantidad de artistas de pueblos originarios que están haciendo un excelente arte contemporáneo y que podrían tener espacios específicos o, por ejemplo, asistir a esa misma bienal”, destacó.

“Mexico debería tener una mirada de vanguardia y un reconocimiento palpable, en activo, hacia sus artistas de pueblos originarios en todos los niveles”, reitera la curadora.