La hiperactividad infantil es un trastorno de conducta de origen neurológico, que suele afectar más a los niños que a las niñas. Los niños hiperactivos tienen una inteligencia normal y se mueven continuamente. El principal trastorno de los niños hiperactivos es el llamado déficit de atención.
En promedio, un niño de tres años que acude a la guardería puede permanecer quieto y escuchar durante 10 o 15 minutos seguidos. En cambio, para un pequeño hiperactivo, esto representaría un doble esfuerzo.
Un diagnóstico de hiperactividad y/o déficit de atención en el niño, siempre debe ser confirmado por especialistas en el ramo de la salud (psicólogos, neurólogos, pediatras, etcétera).
Síntomas que presentan los niños hiperactivos
- Son muy distraídos y no escuchan cuando se les habla.
- Tienen dificultades para esperar que les toque el turno si participan en actividades con otros niños.
- No son capaces de mantenerse jugando el mismo tiempo que los compañeros de su misma edad; se cansan y quieren empezar juegos nuevos.
- Generalmente no obedecen las órdenes o no realizan la tarea que se les pide.
- La mayoría de niños hiperactivos tienen dificultades en el aprendizaje, tienen un bajo rendimiento escolar, son torpes para escribir o dibujar, y tienen problemas para memorizar y generalizar la información.
- Actúan de forma inmediata sin pensar en las consecuencias, muestran inquietud moviendo manos y pies, y no pueden permanecer quietos. Siempre están en continuo movimiento.
- Es importante saber que hasta los 3 o 4 años todas estas características también pueden estar presentes en un niño completamente normal. Si todos estos síntomas aparecen en un niño que haya cumplido los 4 años, probablemente sea un pequeño hiperactivo. Es frecuente creer que los niños que provocan daños y se muestran caprichosos son hiperactivos, cuando en estos casos sólo se trata de un problema de disciplina.
Principales síntomas de la hiperactividad infantil en función de la edad
De 0 a 2 años. Problemas con el ritmo del sueño y la comida. Se despierta sobresaltado y se resiste a los cuidados habituales. Es muy irritable.
De 2 a 3 años. Muestra inmadurez en el lenguaje expresivo, tiene una actividad motora excesiva, una escasa conciencia del peligro y es propenso a sufrir muchos accidentes.
De 4 a 5 años. Tiene problemas de adaptación social, es desobediente y le cuesta seguir las normas.
A partir de 6 años. Es impulsivo, tiene un déficit de atención, sufre fracaso escolar y tiene comportamientos antisociales.
Niños hiperactivos: causas y tratamientos
A pesar de que se trata de un trastorno frecuente en los niños, todavía no se conoce bien el origen de la hiperactividad. Algunos expertos consideran que la poca atención se debe a un retraso en el desarrollo del cerebro, aunque esto no está demostrado.
Otros afirman que la causa del exceso de movimiento está en factores hereditarios y, finalmente, hay quienes se inclinan por un daño mínimo en las estructuras cerebrales, que no pueden descubrirse con los métodos de diagnóstico que existen hoy en día. La opinión más generalizada entre los expertos es que hay varios factores que interactúan de forma conjunta.
En la actualidad se dispone de tres tratamientos para ayudar al niño
Farmacológico: Los medicamentos que se utilizan son un buen apoyo, mientras se combinen con procesos de enseñanza para que el niño aprenda a regular su conducta.
Psicológico: Los padres juegan un papel fundamental, ya que ante todo deben crear un ambiente familiar estable, con normas conocidas y explícitas. Las técnicas psicoterapéuticas que se aplican están destinadas a mejorar el ambiente familiar y escolar, favoreciendo una mejor integración del niño, al mismo tiempo que se aplican técnicas de modificación de la conducta.
Educativo: Una manera efectiva de modificar el comportamiento del niño es por medio de la ayuda educativa con premios y castigos.
Consejos para los papás
Es muy importante cuidar el entorno del pequeño así como el modo de tratarlo, ya que los síntomas de la hiperactividad pueden agravarse si se vive en condiciones ambientales adversas.
Es importante…
- La cooperación entre educadores y padres, trabajando conjuntamente con otros profesionales como médicos, psicólogos, educadores, etcétera.
- Saber cuál es el comportamiento normal del niño, según su edad. No se puede pretender que un niño se comporte perfectamente en situaciones creadas para adultos, como ir de compras o a comer en un restaurante.
- Si los papás establecen normas, es muy importante que se hagan explícitas, es decir, que el niño sepa exactamente qué es lo que se espera de él.
- Intentar conservar la calma, aunque la situación sea tensa. No es conveniente “perder la cabeza”.
- Los castigos deben tener una duración limitada. No es útil prolongarlos ya que pueden causar ansiedad en el pequeño.
- Conseguir pequeñas metas. Es más razonable ir paso a paso y valorar los pequeños avances del niño.
- Establecer hábitos regulares y unos horarios estables de comida, sueño, etcétera.
- Buscar las conductas positivas. La mayoría de padres tiende a prestar mayor atención a las conductas negativas de sus hijos, porque son las que molestan y llaman la atención.
- Si hay más hermanos, es frecuente que los papás se sientan culpables por prestar menos atención al hermanito más tranquilo. Por eso es aconsejable buscar un tiempo para dedicarlo plenamente al otro hermano.
- Aprender a controlar la conducta del niño. Es conveniente acudir a cursos o seminarios para aprender estrategias educativas eficaces, así como para conocer a otras familias que se encuentren en una situación similar.












