PETIT LAPIN

PETIT LAPIN

Tener una mascota, sea un perro o un gato u otro animal en casa, requiere compromiso, responsabilidad y dedicación, al fin y al cabo, un perro es uno más de la familia.

Los niños que cuidan mascotas aprenden algo fundamental: la importancia del cariño y el respeto hacia los animales, es una forma de adquirir responsabilidades.

Es un hecho habitual que los más pequeños de la casa pidan una animalito en casa, si los padres acceden a esa petición deben hacerlo en un acto de responsabilidad; deben explicar al niño que no es un juguete, sino un ser vivo que necesita de cuidados.

Se debe elegir una mascota que se adapte al modo de vida familiar y a las condiciones del hogar, las preferencias de los niños en la elección de una mascota son: perros, gatos, hámsteres, tortugas y peces.

El tener una mascota puede ser una oportunidad estupenda para enseñar el respeto por la naturaleza y los animales a los más pequeños y también para disfrutar en familia de actividades conjuntas tanto de juego como de cuidado del animal.

Vínculo afectivo

La ciencia está demostrando que los animales de compañía, además de hacernos más felices, y de beneficiar a los niños, contribuyen a corregir comportamientos, a mejorar aptitudes y a aliviar síntomas.

Los animales son sensibles, leales, cariñosos, atentos, alegres, juguetones e incluso pacientes, toda esa influencia positiva se ve en casa, y en otros casos, con terapias dirigidas.

Hay variedad de ejemplos avalados por los especialistas: un labrador que acompaña a un niño que lee en voz alta refuerza su aprendizaje y facilita su concentración; peces de colores llamativos en el salón para focalizar la atención de unos hermanos muy activos; la suavidad de un hámster para activar la psicomotricidad de un bebé con lesión cerebral... Con mascotas aprenderán antes a ser pacientes, a hacer deberes y a querer.

Existen algunas conductas y actitudes que un perro nos puede ayudar a corregir, como una mejor gestión de situaciones de estrés, más capacidad empática, fomento del trabajo en equipo y el apoyo emocional en momentos de conflicto con los padres.

Un equipo de investigadores desveló en abril en la revista “Science” el secreto del vínculo afectivo entre el perro y su dueño. La mirada provoca en ambos una descarga de oxitocina (la hormona del amor).

El perro ayuda a redirigir la mirada del niño con autismo y a captar su atención.

En las terapias asistidas, se buscan perros que tiendan a interactuar de manera positiva con personas, aunque no es el único requerimiento.

El golden retriever y el labrador son las dos razas más frecuentes, pero se pueden encontrar mestizos, lo importante es que sean bien seleccionados y entrenados, el perro es una herramienta más del profesional, que seleccionará los rasgos que más le interese para el colectivo con el que va a trabajar.

Ayudará en el abordaje de los problemas físicos, sociales, conductuales o emocionales, desde la perspectiva de la rehabilitación, la estimulación, el aprendizaje o la compensación de funciones y recursos.

¿Cómo puede trabajar un perro en casos de autismo?

Puede ayudar a redirigir la mirada del niño, captando su atención y sirviendo como vehículo para que el terapeuta realice su trabajo con más facilidad. Para los niños con problemas de conducta, que se frustran, que no aguantan un no por respuesta, que desconocen conceptos como turno, esperar o atención, la mascota les motiva para respetar unos tiempos y órdenes hasta lograr resultados.

Si se quieren enseñar al perro determinadas habilidades, como sentarse o dar la patita, hacen falta intentos, correcciones, para aquel niño al que le cuesta empatizar, o tiene trastornos mentales o depresivos, un animal le ayudará a liberar más oxitocina (amor) y endorfinas (felicidad), reducirá el nivel de estrés y bajará por tanto la presión arterial. Le ayudará a hacer amigos.

Los animales deben disfrutar con los ejercicios para que las terapias funcionen, desarrollando actividades con diversas mascota. Los beneficios serán sobre todo en el plano emocional, disminuyendo la sensación de estrés que esconde este problema y creando lazos afectivos, con el mimo y el acompañamiento.

Si ha decidido que va a incorporar una mascota en la familia, sobre todo para los hijos, pueden tener en cuenta una serie de pistas que los ayudarán a elegir la mejor.

Mi hijo es tímido y le cuesta relacionarse

Un Border Collie cariñoso y juguetón le servirá para romper el hielo cuando salga a la calle y vea a otros chicos o compañeros de clase. El perro es canalizador de sus emociones y facilita el contacto con los otros. Se acabó la vergüenza. Además, si necesita hacer ejercicio físico, el perro le obligará a correr, saltar, tirarse al suelo.

Es un torbellino y no colabora en casa

Un gato sociable, que se deja tocar y mimar, es fuente de relajación. ¿Cómo? Rascándolo, cepillándolo, acurrucándolo. También, puede probar a jugar al escondite con él. Y a imitar sus estiramientos. Y el niño aprenderá a tener obligaciones y deberes si se hace cargo de su mascota. Ese gatito necesita aseo para evitar enredos en su pelaje, agua y comida diaria en su cuenco y que esté limpia su bandeja con arena.

Es olvidadizo y no entiende la palabra responsabilidad

Un periquito de colores vivos o un canario pueden ayudarle. El pequeño tiene que asumir el rol de que es su cuidador y cumplir una serie de tareas diarias: cambiar el agua, controlar que no le falta alpiste, probar a darle lechuga o zanahoria, comprobar que esté limpia la jaula y sus accesorios. Por otro lado, se puede entretener con el canto, observando sus plumas o hablándole. Así, no se sentirá solo si los padres pasan mucho tiempo fuera de casa.

No se concentra cuando hace los deberes

Un Labrador dócil puede ayudarle. ¿Cómo? Deje que se tumbe a su lado. El niño colocará el libro, el cuento o cuaderno sobre su lomo. No pasa nada si tropieza cuando lee en voz alta. También puede colorear encima de su mascota. El perro es un amigo que lo observa, lo apoya y refuerza su confianza.

Le aterra la oscuridad

Si duerme con un golden retriever, aunque sea un cachorro, no tendrá miedo. Su fiel compañero no lo dejará solo.

Es un niño activo pero se aburre

Un hámster puede ser un buen amigo si el piso es demasiado pequeño para tener un perro. Este roedor se dejará querer al acariciarlo o al darle de comer en la mano. Será un compañero de juego, pero también requiere de cuidados: jaula limpia y comida diaria, evitando las sobras.

No presta atención

Hay peces inteligentes, rojos, capaces de encestar una bolita o que saben cuándo su dueño se acerca hasta el acuario. Dejen que los niños observen su comportamiento, cómo comen y su coloración rojiza intensa. Se relajarán y aprenderá a fijarse en los detalles.